El cierre de listas dejó en claro que en la Argentina, más que acuerdos, lo que se reparten son cuotas de poder. Javier Milei, que hasta ahora había delegado el armado en su hermana Karina, esta vez pidió pista: metió a Espert en la provincia, en segundo lugar, la modelo y actriz Karen Reichardt, para que la lista tenga show y no solo números, y en tercer puesto, Diego Santilli, fruto del acuerdo con el PRO. A Fargosi en la Capital y hasta a su viejo amigo del Copello, Andrés Leone, en la nómina.
En paralelo, Karina y Lule Menem bajaron el pulgar a nombres de Bullrich y le marcaron la cancha a la ministra. La interna libertaria se cocina a fuego lento y el Presidente no quiere quedar como convidado de piedra en su propio gobierno. Javier y Karina, en un plumazo, corrieron elegantemente a Patricia Bullrich y a Luis Petri del gabinete, y arman una segunda parte de mandato con más puros que aliados.
La ministra de Seguridad quería meter a sus soldados en las listas, pero Karina y Lule la bajaron de un plumazo. Milei acompañó la jugada, aunque en público la mima para que no se enoje demasiado. Porque todos saben que, si Bullrich rompe, no hay gabinete que aguante. ¿Quién se anima a sacarle el garrote a la ministra que disfruta de usarlo?
Lo cierto es que el cierre de listas desnudó lo inevitable: Milei ya no puede jugar solo al “líder iluminado”. Necesita un Congreso que le responda y un gabinete que no se desarme a la primera de cambio.
Del otro lado del mostrador, en Fuerza Patria, Cristina Fernández de Kirchner volvió a demostrar que la lapicera sigue siendo suya. El nombre de Jorge Taiana al tope de la lista bonaerense no fue casual: un “peronista venerable”, presentado como idea al pasar por Kicillof, pero capitalizado por CFK para “sostener la unidad”. El gobernador ha quedado marginado, y desde la provincia creen que Cristina armó una lista para perder, y así responsabilizar a Kicillof de la derrota.
“Antes de militar al zurdo de Grabois, fiscalizo para Milei“, dijo uno de los Barones del Conurbano. Los intendentes, nunca impulsarán a Grabois. La jugada del gobernador, era poder defenderse con la elección del 7 de septiembre. Cristina con La Cámpora, arman su resistencia en el AMBA.
Los movimientos hablan por sí solos: Máximo Kirchner se corrió de la cabeza de lista, Massa renunció a meterse para dejarle espacio a Grabois y el gobernador bonaerense terminó con menos fichas de las que esperaba. Los primeros 15 lugares muestran mayoría K, un triunfo de Cristina en el reparto, y un Grabois como el gran ganador.
El detalle es clave: Taiana no solo fue canciller, también fue vocero de la campaña internacional “Cristina libre”. Fiel a CFK, aceptado por Massa y neutralizado frente a Kicillof. Cristina encontró en él, el puente que necesitaba para juntar a los suyos sin fractura.
Así, mientras Milei pelea por no ser desplazado de su propio dispositivo político, Cristina ordena con mano firme el del peronismo. El tablero queda claro: en la Casa Rosada mandan los hermanos Milei, con aliados de alquiler y facturas internas; en el PJ, pese a los gestos de unidad y las concesiones, la última palabra sigue siendo de Cristina.
La Argentina entra a la campaña con dos líderes que no negocian su centralidad: Milei y CFK. Él marca el ritmo desde la furia libertaria, ella desde la paciencia quirúrgica del poder acumulado. En la tensión entre ambos modelos, se jugará algo más que las listas: se juega quién será el dueño del futuro inmediato.
Mientras tanto, los gobernadores del denominado centro, juegan su partido en el interior federal, y se preparan para una era post Milei. Creen que sin el apoyo de las provincias, el 2027 puede ser una posibilidad real. Además, entienden que ante la radicalización del kirchnerismo que insiste con competir con un libreto que lo ha llevado al fracaso, tienen que estar preparados para disputar el sillón presidencial en las próximas elecciones del 27′.
Y en el medio, claro, queda la gente: la que paga alquileres imposibles, la que hace malabares con las expensas, la que mira cómo se reparten bancas como si fueran figuritas, la que espera que se aclaren las causas del fentanilo, de la inseguridad y de la criptoestafa.
Porque si algo nos enseñan estos cierres de listas, es que mientras los jefes discuten quién se sienta en qué silla, las butacas vacías siguen estando en la mesa de los argentinos. En Argentina las listas cierran, pero los problemas siguen abiertos.





