Alberto Fernández volvió a la escena pública con una entrevista que combinó autodefensa política y un pedido inusual: revisar la condición psiquiátrica del presidente Javier Milei. El expresidente, que dejó el poder en diciembre de 2023, eligió un streaming para reaparecer y dejó frases pensadas para viralizarse, la más repetida fue que Milei “está enfermo” y que “hoy no pasa un preocupacional para ser cadete del Ministerio de Economía”.
El diagnóstico improvisado no fue un exabrupto aislado. Fernández lo enmarcó dentro de una defensa de su propia gestión: dijo que durante su gobierno el salario real creció, que sostuvo las paritarias sin techos y que priorizó el entramado industrial frente al ajuste actual. Reconoció que la inflación de esos cuatro años fue “un trauma”, pero usó esa admisión como piso para el contraste, no como autocrítica.
El tramo más duro llegó cuando habló del resultado electoral. Sostuvo que los argentinos “votaron a su verdugo”, una frase que resume su lectura del ajuste libertario y de quienes lo eligieron conociendo sus costos. Ahí el registro dejó de ser el de un exmandatario que evalúa políticas públicas y pasó al de un dirigente que necesita explicar por qué perdió, con Milei como villano funcional a ese relato.
El pedido de peritaje psiquiátrico, sin embargo, no es un recurso nuevo en su repertorio. Fernández ya lo había usado en mayo, tras los cruces de Milei con la periodista Débora Plager, y volvió a apelar a él en julio en una entrevista radial, donde llegó a decir que el Presidente está “afectado psiquiátricamente” y que nadie se anima a pedirle una pericia. La reiteración convierte la frase en estrategia discursiva más que en diagnóstico espontáneo, algo llamativo en boca de alguien procesado por violencia de género y con una expareja que debió someterse a la misma clase de examen que él le reclama a un adversario político.
Queda pendiente saber si esta reaparición mediática tiene un objetivo más concreto que instalar agenda. Fernández insiste en que no tiene aspiraciones electorales para 2027 y pide un recambio generacional en el peronismo, pero cada aparición pública termina funcionando como un intento de reposicionamiento personal antes que como el gesto de autocrítica que su espacio político todavía le debe a la sociedad.




