“¿Cómo que no vas a tomar?”
“Dale, una más.”
“Es solo una copa.”
“Estamos festejando.”
Son frases que probablemente todos escuchamos alguna vez. Aparecen en una cena con amigos, en un cumpleaños, después del trabajo o durante una celebración. Muchas veces se dicen sin mala intención, como una forma de invitar a compartir el momento. Pero también pueden esconder algo sobre lo que pocas veces reflexionamos: la presión social para consumir desmedidamente alcohol.
Hablar de consumo responsable también significa hablar de la libertad de elegir. Poder decir “no, gracias” debería ser tan natural como aceptar una copa.
Desde la Federación Argentina de Destilados y Aperitivos promovemos una cultura de consumo responsable basada en decisiones conscientes, moderación y cuidado. Y una decisión responsable no siempre significa elegir tomar menos. A veces, puede significar no tomar.
Puede ser porque vamos a conducir, porque tenemos que levantarnos temprano, porque estamos tomando un medicamento, porque al día siguiente tenemos una actividad importante o, simplemente, porque no tenemos ganas. No hace falta una explicación. “No, gracias” es una respuesta suficiente. En definitiva, tomar un trago debe ser un acto consciente de disfrute.
Sin embargo, todavía existe cierta presión social alrededor del alcohol. En algunas reuniones, quien decide no beber puede sentirse obligado a explicar su elección o incluso convertirse en objeto de bromas. “¿Estás enfermo?”, “¿qué te pasa?”, “una sola no te va a hacer nada” son comentarios que, aunque parezcan inocentes, pueden hacer más difícil sostener una decisión personal.
Por eso, consumir responsablemente también implica aprender a respetar las decisiones de quienes nos rodean.
Si alguien dice que no quiere tomar, no deberíamos insistir. Si alguien decide alternar una bebida alcohólica con agua, no debería sorprendernos. Si alguien elige una opción sin alcohol durante toda la noche, tampoco debería ser motivo de comentario.
La responsabilidad es individual, pero también colectiva.
El rol del anfitrión es especialmente importante. Una reunión responsable es aquella en la que hay distintas opciones para disfrutar: agua, bebidas sin alcohol, comida y, para quienes eligen consumir alcohol, alternativas que permitan hacerlo con moderación.
De esta manera, nadie siente que necesita beber para formar parte del encuentro. De esta manera, el foco no está puesto en qué se toma, sino en el encuentro en sí. Es importante recordar que el alcohol no debería ser el motivo de una celebración. Puede acompañar una comida, un brindis o una reunión, pero el verdadero protagonista son las personas y el momento que comparten.
Y quizás allí esté una de las claves para cambiar nuestra relación con el consumo: que brindar sea una elección y no una obligación social.
En definitiva, consumir responsablemente es poder preguntarnos antes de aceptar otra copa: “¿Realmente quiero tomarla?”. Y también poder responder con tranquilidad cuando la respuesta es no.
Desde FADA creemos que construir una cultura de consumo responsable requiere información, moderación y, sobre todo, respeto. Respeto por nuestros propios límites y por las decisiones de quienes nos acompañan.
Porque cuidar también es no insistir. Es ofrecer alternativas. Es entender que alguien puede divertirse, compartir, celebrar y ser parte del encuentro sin consumir alcohol.
Y porque quizás el verdadero cambio cultural empiece con algo tan sencillo como esto:
“¿Querés otra?”
“No, gracias.”
“Perfecto.”
Sin explicaciones. Sin presión. Sin insistencia.
Porque decir “no, gracias” en algunas ocasiones, también es una forma de disfrutar responsablemente.
La autora del artículo es la Directora de Relaciones Institucionales de la Federación Argentina de Destilados y Aperitivos






