Funcionarios de Venezuela y Estados Unidos mantienen conversaciones para exportar petróleo venezolano a refinerías estadounidenses, en un giro clave en la relación energética entre ambos países tras la captura de Nicolás Maduro. Así lo confirmaron a la agencia Reuters este martes fuentes gubernamentales, industriales y del sector naviero.
Las negociaciones se producen luego de que millones de barriles de crudo quedaran inmovilizados en petroleros y tanques de almacenamiento, como consecuencia del bloqueo a las exportaciones impuesto por el presidente estadounidense Donald Trump a mediados de diciembre. Esa medida formó parte de la ofensiva política y económica que culminó con la intervención militar y la destitución del líder chavista el pasado fin de semana.
Crudo atrapado y presión sobre PDVSA
El bloqueo dejó a la petrolera estatal PDVSA al límite de su capacidad operativa. Ante la falta de destinos para su petróleo, la empresa ya se vio obligada a recortar la producción, debido a la saturación de los sistemas de almacenamiento. Según fuentes del sector, si no se habilitan nuevas rutas de exportación en el corto plazo, los recortes podrían profundizarse.
Un eventual acuerdo con refinerías estadounidenses permitiría desviar el crudo que hoy no puede salir del país, evitando una mayor caída en la producción y dando oxígeno financiero a la industria petrolera venezolana. Sin embargo, hasta el momento, ni la Casa Blanca, ni el Gobierno venezolano, ni PDVSA realizaron comentarios oficiales.
Un golpe a China y un giro energético estratégico
La reapertura del mercado estadounidense tendría además un fuerte impacto geopolítico. Durante la última década, y especialmente tras las sanciones impuestas por Washington en 2020, China se convirtió en el principal comprador del petróleo venezolano. Si el crudo vuelve a fluir hacia Estados Unidos, ese volumen se restaría directamente a los envíos hacia el gigante asiático.
Las refinerías de la costa del Golfo están especialmente preparadas para procesar los crudos pesados venezolanos y, antes de las sanciones, importaban cerca de 500.000 barriles diarios desde Venezuela. La posibilidad de retomar esos niveles refuerza la estrategia energética de Washington, que busca asegurar suministro, reducir costos internos y consolidar su influencia sobre recursos clave.





