La deuda nacional de Estados Unidos superó este miércoles los US$40 billones, un récord histórico que refleja el fuerte crecimiento del endeudamiento federal y vuelve a poner bajo presión las cuentas públicas durante la administración de Donald Trump, en un contexto marcado por el gasto en defensa, los programas sociales y el creciente costo de los intereses. El nuevo máximo se alcanzó apenas cinco meses después de que el pasivo estadounidense había superado los US$39 billones y cinco meses después de haber llegado a los US$38 billones.
La velocidad del aumento volvió a generar preocupación entre economistas y organizaciones especializadas en política fiscal. El dato expone, además, una tensión cada vez mayor entre las prioridades del Gobierno estadounidense: sostener el gasto en áreas consideradas estratégicas, financiar programas como Seguro Social y Medicare, afrontar los costos de defensa y, al mismo tiempo, intentar contener el déficit.
Desde la Casa Blanca defendieron la estrategia oficial. Kush Desai, portavoz presidencial, sostuvo que el gobierno de Trump “se ha enfocado en recortar el despilfarro, el fraude y los abusos al gasto federal, al tiempo que acelera el crecimiento económico para que la relación deuda/PIB de Estados Unidos vuelva a encaminarse en la dirección correcta”.
Sin embargo, especialistas advierten que el incremento de la deuda ya tiene consecuencias sobre la economía cotidiana de los estadounidenses.
El mayor endeudamiento federal implica también un aumento de los intereses que debe pagar el Estado. Esa dinámica puede ejercer presión sobre las tasas de financiamiento y terminar impactando en préstamos hipotecarios y automotrices, además de limitar los recursos disponibles para inversiones y otras áreas del presupuesto.
Por qué preocupa el ritmo de crecimiento de la deuda
El dato que más llama la atención no es solamente el volumen alcanzado, sino la velocidad con la que Estados Unidos está acumulando nueva deuda.
El país pasó de US$38 billones en octubre del año pasado a US$39 billones cinco meses después y ahora superó los US$40 billones apenas otros cinco meses más tarde.
Para los defensores de un mayor equilibrio presupuestario, esta trayectoria puede obligar a adoptar decisiones fiscales cada vez más difíciles.
“La deuda federal ya está elevando el costo de vida y desplazando otros gastos e inversiones, amenazando nuestra economía y la prosperidad a largo plazo de los estadounidenses”, afirmó Margaret Spellings, presidenta y directora ejecutiva del Bipartisan Policy Center.
Spellings también planteó un escenario de mayor vulnerabilidad frente a posibles shocks económicos o geopolíticos.
“Nuestra trayectoria fiscal actual es claramente insostenible, y ese es el mejor escenario posible”, advirtió. Según su análisis, una disrupción tecnológica vinculada con la inteligencia artificial, una recesión, una guerra global u otro acontecimiento inesperado podría acelerar el deterioro de las cuentas públicas.
El problema se combina con otro límite institucional: Estados Unidos tiene un techo de deuda establecido por ley, cuyo nivel puede ser modificado o suspendido por el Congreso.
De acuerdo con una estimación del Bipartisan Policy Center, el Gobierno podría alcanzar el límite de US$41,1 billones durante el próximo año, lo que abriría nuevamente una discusión política en el Capitolio sobre la necesidad de elevar o suspender el techo de endeudamiento.
La cuestión resulta especialmente sensible porque cualquier disputa legislativa sobre el límite de deuda puede generar incertidumbre en los mercados y obligar al Gobierno a tomar medidas para continuar financiando sus obligaciones.
Un problema que trasciende a la Casa Blanca
El crecimiento de la deuda también pone el foco sobre una cuestión estructural de la economía estadounidense: cómo financiar durante los próximos años el gasto público sin que los intereses terminen absorbiendo una porción cada vez mayor de los recursos federales.
Los programas sociales, el gasto militar y el servicio de la deuda compiten por espacio dentro del presupuesto. A esto se suma la necesidad de mantener el crecimiento económico y evitar que el mayor costo del financiamiento afecte el consumo y la inversión privada.
Los especialistas citados en el análisis consideran que la situación ya tiene efectos concretos para los ciudadanos. El aumento de los costos de endeudamiento puede trasladarse a las familias y empresas, mientras que una mayor cantidad de recursos destinada al pago de intereses reduce el margen para otras inversiones.
La situación también coloca a Estados Unidos en una posición fiscal más comprometida frente a otras economías desarrolladas. Un análisis reciente basado en datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala que la posición fiscal estadounidense es peor que la de otros países desarrollados.
El nuevo récord, por lo tanto, no representa solamente una cifra histórica. Los US$40 billones de deuda funcionan como una señal del desafío que enfrenta Washington para compatibilizar crecimiento, gasto público, defensa, programas sociales y sostenibilidad fiscal.




