Rosario Central se consagró campeón tras vencer 3-1 a Estudiantes de La Plata en el estadio Madre de Ciudades de Santiago del Estero, en una final que tuvo de todo: goles, lesiones, decisiones arbitrales discutidas, tensión, reclamos y un cierre caliente.
El Canalla logró dar vuelta un encuentro que había comenzado de la peor manera. Ángel Di María, con un doblete, y Julián Fernández marcaron los goles del conjunto dirigido por Jorge Almirón, mientras que Alexis “Pucho” Castro había puesto en ventaja al Pincha cuando apenas transcurría el primer minuto.
Estudiantes golpeó prácticamente desde el vestuario. Tras un contraataque, Guido Carrillo asistió a Castro, quien definió de zurda y estableció rápidamente el 1-0.
Sin embargo, el desarrollo comenzó a complicarse para el conjunto platense por las lesiones. A los 12 minutos, Gabriel Neves tuvo que abandonar el campo tras sufrir un fuerte golpe en su muñeca y fue reemplazado por Jalil Elías. Apenas ocho minutos más tarde, el propio Elías debió salir por una aparente molestia muscular, obligando al Pincha a realizar dos modificaciones antes de los 20 minutos.
Central aprovechó el momento y encontró la igualdad a los 23. Di María se hizo cargo de un tiro libre y, con toda su jerarquía, clavó un zurdazo en el ángulo para convertir un verdadero golazo y establecer el 1-1.
Cuando el primer tiempo parecía terminar igualado, llegó una de las acciones más discutidas de la noche. A los 53 minutos de la etapa inicial, tras la intervención del VAR, el árbitro sancionó penal para Rosario Central por una infracción de Leandro González Pirez sobre Enzo Copetti. Di María tomó la pelota y no falló: remató al centro del arco y puso el 2-1.
La tensión no quedó únicamente dentro de la cancha. Durante el entretiempo, Juan Sebastián Verón publicó en sus redes sociales un mensaje en el que expresó su malestar con el arbitraje y con el trato que, según manifestó, estaba recibiendo la gente de Estudiantes.

En el complemento, el Pincha salió decidido a buscar el empate. Guido Carrillo, Santiago Núñez, Tomás Palacios y Lucas Alario tuvieron oportunidades, mientras que Central también encontró espacios para lastimar de contraataque.
Con el paso de los minutos, Estudiantes adelantó cada vez más sus líneas y fue en busca del 2-2. Sobre el cierre también reclamó una mano dentro del área de Central que no terminó en penal, una decisión que incrementó todavía más el malestar del conjunto platense.
Ya en tiempo de descuento, Estudiantes mandó a su arquero al área rival para buscar heroicamente la igualdad. Pero Central recuperó la pelota y sentenció la historia.
A los 96 minutos, Julián Fernández recibió tras un contraataque y, desde más de 30 metros, sacó un extraordinario remate de tres dedos que terminó dentro del arco desprotegido. Golazo, 3-1 y delirio absoluto de la parcialidad rosarina.
Pero la final todavía tendría un último capítulo.
Tras el tercer gol se produjo un fuerte cruce entre integrantes de ambos equipos, en medio de reclamos por un supuesto festejo de un futbolista de Central hacia la parcialidad de Estudiantes. La situación derivó en empujones, discusiones, corridas y expulsiones, con participación de jugadores, cuerpos técnicos y otros integrantes de las delegaciones.
Así terminó una final atravesada por la tensión desde antes del pitazo inicial y que tuvo múltiples episodios discutidos durante la noche.
En lo estrictamente futbolístico, Rosario Central fue efectivo en los momentos determinantes y contó con un Di María decisivo para revertir una historia que había comenzado cuesta arriba.
El resultado fue contundente: Rosario Central 3, Estudiantes 1.
El Canalla volvió a levantar un título. Lo hizo en una noche que difícilmente sea recordada únicamente por el fútbol: comenzó con tensión, continuó con decisiones arbitrales cuestionadas y terminó con una escena de enfrentamientos que opacó el cierre de la final.
Nuevamente Rosario Central campeón. Nuevamente, en medio de la polémica.





