InicioSociedadLos vínculos parentales atrapados en “etiquetas”.

Los vínculos parentales atrapados en “etiquetas”.

En los últimos años, las redes sociales, los libros de autoayuda y los influencers de crianza han popularizado conceptos como “padres de cristal”, “crianza respetuosa”, “grupos de apego” o “paternidad consciente”. Sin embargo, lejos de acercarnos a una comprensión más profunda del rol de los padres en el desarrollo emocional de los hijos, muchas veces estos rótulos funcionan como un barniz marketinero que disfraza una carencia cada vez más evidente: la falta de vínculos sólidos, comprometidos y emocionalmente disponibles.

Vivimos una época en la que se habla de crianza como si fuera una tendencia y no una responsabilidad afectiva. Es cierto que poner en agenda temas que antes se evitaban o se daban por sentados —como el derecho de los niños a ser escuchados o el impacto de las prácticas autoritarias— ha sido un avance necesario. Pero cuando esa conversación se reduce a hashtags y slogans de moda, corremos el riesgo de perder de vista lo esencial: criar no es seguir una receta, sino sostener un vínculo.

Padres de cristal: más que frágiles, desconectados

El término “padres de cristal” ha ganado notoriedad en el discurso público para referirse a adultos que, por temor a equivocarse o ser “malos padres”, terminan sobreadaptándose a las emociones de sus hijos, evitando cualquier tipo de frustración o conflicto. Pero detrás de este fenómeno no hay solo fragilidad, sino una profunda inseguridad identitaria.

Como explica el psicólogo Donald Winnicott, el rol del progenitor no es ser perfecto, sino “suficientemente bueno”. Es decir, estar disponible emocionalmente, brindar un marco de contención y permitir que el niño experimente, incluso con errores, el mundo real. En cambio, estos padres modernos, muchas veces criados ellos mismos en contextos de desapego, no logran ubicarse como figuras consistentes y terminan delegando la autoridad o refugiándose en discursos externos, incapaces de asumir su rol sin validación constante.

Grupos de apego y tribus de crianza: ¿acompañamiento o confusión?

Los llamados “grupos de apego” o “tribus de crianza” nacieron con buenas intenciones: ofrecer un espacio de contención entre adultos que crían. Sin embargo, no son pocos los casos en los que estas comunidades, lejos de construir redes genuinas, se convierten en escenarios de competencia sutil, vigilancia y validación de ciertos modelos únicos de crianza. Se privilegia “hacer bien las cosas” según los parámetros del grupo antes que sintonizar con las necesidades reales del hijo.

La psicóloga Laura Gutman señala en su obra La maternidad y el encuentro con la propia sombra que “la mayor dificultad en la crianza es la desconexión con la emocionalidad propia, lo que impide registrar la emocionalidad del niño”. En este sentido, cuando los padres buscan afuera —en fórmulas, etiquetas o gurúes— lo que solo se puede construir desde el vínculo genuino, se alimenta la distancia, no el encuentro.

Más rol, menos rol playing

El rol del padre o la madre hoy parece cada vez más confundido con un “rol playing”: una actuación, una performance que debe ser validada por otros. Se sobredimensiona la técnica y se olvida el lazo. Pero el verdadero vínculo parental no se basa en si uno colecha o no, si usa portabebés o si aplica el método Montessori: se trata de presencia emocional, coherencia, escucha y límites amorosos.

Según John Bowlby, pionero en la teoría del apego, “el niño necesita una relación cálida, íntima y continua con su madre o figura estable de apego en la que ambos encuentren satisfacción y goce”. No habla de modas ni de métodos. Habla de vínculo.

Despojarnos del ruido

Para construir verdaderos vínculos con nuestros hijos es necesario despojarnos del ruido externo y hacer lugar al silencio interior que permite registrar. Registrar lo que sentimos como adultos, lo que nos duele, lo que nos atraviesa y lo que heredamos, muchas veces sin cuestionar. Es desde esa honestidad que se puede empezar a ejercer la crianza como un acto profundo de humanidad, no como una estrategia de imagen.

Los niños no necesitan padres perfectos, ni padres “respetuosos” según el último trending topic. Necesitan adultos presentes, comprometidos, disponibles emocionalmente y con capacidad de reparación. Criar no es una serie de decisiones correctas. Es un camino que se recorre con la voluntad de mirar —y sostener— lo que duele y lo que une.

Y quizás el primer paso sea dejar de buscar etiquetas… y empezar a buscar presencia.

Lic. Adrián Dall’Asta – experto en vínculos parentales – autor del libro “Adultescentes”.

IG adriandallastaok

www.fundacionpadres.org

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