El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó este domingo que el nuevo Air Force One, un Boeing 747 donado por Qatar que actualmente utiliza como avión presidencial, será enviado en las próximas semanas a una nueva etapa de modernización para incorporar mejoras en sus sistemas de seguridad. El anuncio llegó luego de que surgieran interrogantes sobre las capacidades defensivas de la aeronave, utilizada por primera vez por el mandatario a comienzos de julio y que funciona como reemplazo temporal hasta la llegada de los nuevos aviones presidenciales encargados a Boeing.
La decisión fue comunicada por el propio Trump al regresar a Washington tras asistir a la final del Mundial 2026, disputada en el estadio MetLife de Nueva Jersey.
Trump respondió a las dudas sobre la seguridad del nuevo Air Force One
Durante un intercambio con periodistas, el mandatario fue consultado por las versiones que ponían en duda la capacidad del avión para responder ante eventuales amenazas, especialmente en un contexto internacional marcado por el aumento de las tensiones en Medio Oriente.
Trump rechazó esas especulaciones y aseguró que la aeronave ya cuenta con importantes sistemas de protección.
“Tiene muchísimas capacidades.”
No obstante, confirmó que el avión será sometido a una nueva etapa de adecuación tecnológica.
“Según tengo entendido, en aproximadamente un mes lo van a enviar para que quede al máximo. Tardará alrededor de un mes.”
El Boeing 747 comenzó a operar como Air Force One el 1 de julio, aunque días después Trump decidió utilizar momentáneamente uno de los aviones presidenciales tradicionales para viajar desde Turquía al Reino Unido.
En ese momento explicó que eligió la aeronave histórica “por los viejos tiempos”, aunque posteriormente volvió a utilizar el nuevo avión para regresar a Estados Unidos.
Un reemplazo temporal mientras Boeing demora la entrega de los nuevos aviones presidenciales
La aeronave fue reacondicionada por la empresa L3Harris Technologies, que adaptó el Boeing 747 para cumplir funciones presidenciales, incluyendo sistemas de comunicaciones y equipamiento especial.
El avión luce un nuevo diseño exterior en tonos rojo, blanco, azul oscuro y dorado, una combinación de colores elegida personalmente por Donald Trump.
Su incorporación responde a las demoras que enfrenta Boeing en la construcción de los dos nuevos Air Force One de última generación, desarrollados bajo un contrato firmado con el Gobierno estadounidense en 2018 por 3.900 millones de dólares.
El proyecto acumula actualmente cuatro años de retraso y un importante incremento de costos, por lo que la entrega definitiva de las nuevas aeronaves presidenciales recién está prevista para mediados de 2028.
Hasta entonces, el Boeing 747 donado por Catar continuará desempeñando el rol de avión presidencial, aunque previamente será sometido a una nueva fase de modernización destinada a reforzar sus capacidades operativas y de seguridad antes de volver al servicio oficial.





