Los resultados de la evaluación Aprender 2024, difundidos por Infobae esta semana, sacudieron a la comunidad educativa: solo el 14,2% de los estudiantes de secundaria alcanzó un nivel satisfactorio en Matemática, y más de la mitad quedó por debajo del nivel básico. Aunque en Lengua los resultados fueron algo mejores (58% logró un nivel satisfactorio), el panorama general es profundamente inquietante.
Pero más allá de los números fríos, lo que estos datos gritan es que hay un problema estructural —y urgente— en cómo estamos educando. Y no solo en las escuelas. La pregunta incómoda pero inevitable es: ¿qué estamos haciendo, como padres, frente a esta realidad?
La matemática como síntoma, no como causa
Es tentador pensar que el problema está solo en la enseñanza de la matemática. Pero, como señalan distintos especialistas, lo que hay detrás es mucho más profundo: la falta de comprensión lectora. Es decir, muchos chicos no pueden resolver problemas porque ni siquiera comprenden el enunciado. La raíz, entonces, no está solo en los números, sino en la capacidad de entender, interpretar y pensar críticamente, algo que se cultiva desde los primeros años y en todos los entornos: el aula, la casa, la plaza, la conversación.
Y es ahí donde los padres tenemos un rol central. No somos meros observadores del sistema educativo. Somos su primera y última trinchera.
Más que tareas: acompañamiento real
Acompañar a nuestros hijos no significa solo revisar tareas o preguntar “¿cómo te fue en la escuela?”. Significa sentarse a leer con ellos, conversar sin apuro, mostrar interés por sus ideas, corregir cuando no entienden algo, enseñarles a pensar, a preguntar, a buscar.
El informe de Infobae destaca también cómo los factores socioeconómicos inciden gravemente en el rendimiento: los chicos con contextos más vulnerables son los más afectados. Pero eso no exime a nadie. Cada hogar tiene un papel que cumplir, y no se trata solo de recursos materiales, sino de tiempo, afecto, palabras.
Una oportunidad que no podemos desperdiciar
Esta crisis es, paradójicamente, una oportunidad. No para echar culpas, sino para repensar la educación como un esfuerzo colectivo. Las escuelas necesitan apoyo, los docentes necesitan formación y recursos, pero también necesitan que los hogares se sumen al proceso educativo.
Porque no se trata solo de que nuestros hijos aprueben una materia. Se trata de que puedan comprender lo que leen, interpretar lo que viven, analizar lo que escuchan. Se trata de que puedan pensar por sí mismos. Y eso empieza en casa, todos los días, con pequeños gestos: leer juntos, conversar sobre un tema, hacer preguntas incómodas, no dar respuestas automáticas.
Que esta vez no pase de largo
No podemos permitir que este informe se pierda entre las noticias del día. Que no sea una nota más en una red social. Que esta vez, el dato nos interpele. Que nos haga mirar a nuestros hijos a los ojos y preguntarnos: ¿qué más puedo hacer yo para ayudarte a entender, para ayudarte a pensar?
Porque la escuela sola no alcanza.
#QueEntiendanLoQueLean
Ig adrianallastaok





