Por Ignacio Orsini
La voracidad fiscal con la que se mueve la administración del Intendente Darío Golía, plasmada en la creación de nuevas tasas y ajustes que superan ampliamente los índices inflacionarios, colisiona de frente con una realidad estadística irrefutable.
Lejos de la escasez de recursos que suele utilizarse para justificar una mayor presión tributaria, los datos oficiales de la Provincia de Buenos Aires revelan una paradoja imposible de sostener desde el relato oficialista. Chacabuco es, en términos concretos, el municipio que registrará el mayor incremento de fondos coparticipables de toda la jurisdicción bonaerense para el ejercicio 2026.
Los números del Ministerio de Economía son contundentes y no dejan margen para la interpretación. El Coeficiente Único de Distribución (CUD) de Chacabuco para este año dio un salto extraordinario del 15,68%, pasando de 0,82329 en 2025 a 0,95241 en 2026. Este incremento ubica al distrito en el primer puesto del ranking de los 135 municipios bonaerenses en cuanto a crecimiento de recursos, muy por encima de distritos vecinos que incluso sufrieron recortes.
Aquí radica la gran contradicción ética y administrativa de la gestión. La nueva Tasa de Salud, creada de manera intempestiva en la última impositiva fiscal, una ordenanza cuya legitimidad de origen es cuestionable por no haber contado con la mayoría legal exigida, se justifica en la necesidad de financiar el sistema sanitario.
¿Por qué subió tanto el CUD de Chacabuco? La Ley 10.559 establece que una parte sustancial de la masa coparticipable (más del 37%) se distribuye en función de la salud pública municipal. El aumento récord en la coparticipación es consecuencia directa de la infraestructura sanitaria que Chacabuco ya posee, y puntualmente, de la incorporación de camas y complejidad correspondientes a la tercer ala del Hospital Municipal “Nuestra Señora del Carmen”, una obra íntegramente realizada durante la gestión de Juntos del Dr. Víctor Aiola.
Es decir, la provincia le transferirá a Chacabuco sumas millonarias precisamente por su capacidad instalada en salud. Sin embargo, la respuesta política de la actual intendencia es gravar dos veces el mismo concepto: primero recibe la coparticipación récord generada por el hospital, y luego impone una tasa específica de salud a los contribuyentes.
El flujo de fondos para 2026 será monumental. Al incremento automático de la coparticipación mensual producto del nuevo CUD, se le debe sumar la inyección del Fondo de Fortalecimiento Fiscal. Al ostentar Chacabuco un coeficiente cercano a un punto (0,95241), se asegurará una de las porciones más significativas de la Cuarta Sección Electoral y de la provincia en el reparto de recursos de libre disponibilidad, más de dos mil trescientos millones de pesos.
La creación de la Tasa de Salud no responde, entonces, a una urgencia financiera real, sino que expone una ineficiencia administrativa alarmante. Contar con recursos récord y aún así recurrir a la invención de nuevos tributos revela que el problema en Chacabuco no es de ingresos, sino de gestión. Golía administra la riqueza generada por un sistema de salud que heredó consolidado, pero decide trasladar el costo de su administración a los vecinos de Chacabuco, mediante una presión fiscal injustificada e irracional.
El autor es el presidente del bloque Somos del Concejo Deliberante de Chacabuco
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