Los estadounidenses concurren este martes 3 de noviembre a las urnas para elegir a sus representantes en el Congreso y a gobernadores en 36 estados, en unas elecciones de medio término que pondrán a prueba la gestión de Donald Trump y podrían modificar el equilibrio político de Washington. El malestar por el aumento del costo de vida y el rechazo a la guerra con Irán se convirtieron en factores centrales de una votación que funciona como un referéndum sobre el segundo mandato del presidente republicano.
Los demócratas llegan con expectativas moderadas, pero confían en que el descontento económico reduzca la participación de los votantes republicanos y movilice a sus propios simpatizantes. Del otro lado, el oficialismo apuesta a su ventaja financiera y a la capacidad de Trump para convocar a su electorado, aunque varios candidatos republicanos intentaron tomar distancia de la figura presidencial durante la campaña.
La disputa por el control del Congreso está abierta. Los republicanos mantienen actualmente una mayoría de 53 a 47 en el Senado, pero los demócratas necesitan sumar cuatro bancas netas para quedarse con esa cámara. En la Cámara de Representantes, en cambio, les alcanza con ganar tres escaños para recuperar el control.
La economía y la guerra, en el centro de la campaña
El costo de vida aparece como uno de los principales problemas para los votantes. Según los sondeos citados en el escenario electoral, apenas el 35% de los estadounidenses aprueba la gestión general de Trump, mientras que solo el 25% respalda su desempeño económico. Además, cerca de siete de cada diez consideran que el país avanza en la dirección equivocada.
El presidente recorrió distintos estados en las últimas semanas e insistió en pedir apoyo como si su propio nombre estuviera en las boletas. Durante un acto en Kansas, lanzó una consigna directa: “Realmente quiero que finjan que estoy en la boleta”.
Los demócratas consideran que el resultado puede expresar un rechazo a las prioridades de la Casa Blanca. La representante Suzan DelBene sostuvo: “El pueblo estadounidense está enojado. Quiere un cambio. Quiere representantes que defiendan sus intereses”.
Más de 57 millones de personas ya habían votado anticipadamente hasta el lunes, con una participación superior a la registrada en varios estados clave durante las elecciones de medio término de hace cuatro años.
Un resultado que puede condicionar los últimos dos años de Trump
Una victoria demócrata en cualquiera de las cámaras abriría una nueva etapa de tensión política. El Congreso podría impulsar investigaciones sobre la administración republicana, bloquear iniciativas presidenciales y hasta avanzar con procesos de juicio político.
La elección también tendrá consecuencias de cara a las presidenciales de 2028. Un buen desempeño demócrata fortalecería a posibles aspirantes como Gavin Newsom, JB Pritzker y Pete Buttigieg. En el Partido Republicano, en cambio, un retroceso podría complicar las aspiraciones del vicepresidente JD Vance y de otros dirigentes cercanos a Trump.
La votación, una de las más costosas de la historia estadounidense, definirá mucho más que la composición del Congreso: será una señal sobre el respaldo social al rumbo de Trump y sobre el margen de poder que conservará durante la segunda mitad de su mandato.
Fuente: AP, Reuters





