El Hipódromo de San Isidro, ese predio gigante y un poco sagrado, ya tiene su lista de invitados. Se viene el Lolla y, como cada año, la cosa no es solo de música: es un espejo que nos muestra quiénes somos y a quiénes estamos escuchando. El monstruo de tres días ya tiene sus nombres pesados y la agenda para marzo está más que confirmada. Afilen las uñas y prepárense para el pogo.

Viernes, 13 de marzo: La fiesta que nunca fue tan sucia
Para arrancar, Lollapalooza no se guardó nada. Tyler, The Creator, el genio del caos, es la primera joya de la corona. Su show es un viaje, una cachetada a lo políticamente correcto. Y para los que viven de la nostalgia, el plato fuerte es Blink-182, esa banda que nos hizo creer que el punk se podía reír de sí mismo. Pero si pensabas que el chiste era solo para los viejos, la agenda sigue con The Offspring, con esa bronca del 90 que todavía se siente en los huesos. El primer día es un choque de universos, un encuentro entre el pasado y la distorsión del presente.
Sábado, 14 de marzo: El amor en tiempos de Spotify
El sábado baja la intensidad… pero solo un poco. El rey de la noche es Feid, un tipo que transformó el reggaetón en un himno global y que promete dejar el suelo ardiendo. Y el debut más esperado de la noche lo tiene Chappell Roan, esa rubia que es capaz de mezclar el glamour con la incomodidad, la verdad de un pop que no teme a sus demonios. Es el día de la música que nos enamora, nos hace bailar y nos rompe el corazón en una misma canción. Un festival de emociones a flor de piel.
Domingo, 15 de marzo: Los dioses bajan del cielo
Para el final, el festival se guardó un banquete. El cierre es un verdadero show de titanes, con Sam Smith y su voz de otro planeta. El tipo no solo canta, te atraviesa. Le sigue Sabrina Carpenter, la nueva reina del pop, una máquina de hits que nos hace preguntar qué demonios estaba pasando antes de su llegada. Y en un giro poético, el festival se despide con Hozier y la profundidad de sus letras, y por si fuera poco, con la banda más pesada y rabiosa del festival: Limp Bizkit. El domingo es la gran despedida, el final de un viaje que nos dejó sin aliento, con la certeza de que, al final, la música sigue siendo el lugar donde podemos ser más libres.





