Pedís un préstamo y terminás debiendo el doble: los reclamos contra bancos y fintech se dispararon 92% en un año
La Subsecretaría de Defensa al Consumidor registró 200 denuncias en el primer semestre por tasas y falta de información. Hay créditos con un costo financiero que llega al 1.375% y una morosidad que ya toca a casi 6 millones de personas.
El endeudamiento de las familias argentinas dejó de ser un tema de nicho financiero y pasó a instalarse en la mesa política. Según el último relevamiento de la Subsecretaría de Defensa al Consumidor y Lealtad Comercial, que depende del Ministerio de Economía, entre enero y junio de este año se presentaron 200 reclamos contra bancos, fintech y billeteras virtuales por el nivel de las tasas y por falta de información al momento de contratar. Es un 92% más que en el mismo período del año pasado.
Dentro de ese salto, hay un dato que explica el humor social: las quejas por tasas consideradas excesivas crecieron 394% interanual. Le siguen las denuncias por hostigamiento, maltrato o acoso a los usuarios, con un alza del 360%, y las que apuntan a la falta de información relevante sobre lo que se está firmando, que subieron 131%. Las irregularidades más repetidas son la omisión del Costo Financiero Total al momento de contratar, una infracción directa a los artículos 4 y 36 de la Ley de Defensa del Consumidor, la información entregada de forma confusa o incompleta, y contratos que nunca llegan a manos del cliente por escrito.
Los números de las tasas ponen en contexto el enojo. Hoy un préstamo personal bancario puede tener una Tasa Nominal Anual de hasta 142%, con un costo financiero total efectivo anual que trepa hasta el 400%. Mercado Pago, la fintech de pagos más grande del país, ofrece créditos con tasas de entre 48% y 249% según un sistema de scoring con más de 3.000 variables, pero el costo financiero total puede llegar al 1.375% para quien todavía no tiene historial. Desde la empresa lo explican como una lógica de riesgo inicial que después se ajusta con el comportamiento de pago.
Todo esto ocurre en simultáneo con un récord de morosidad: casi 6 millones de personas están atrasadas con sus pagos, y en junio ese atraso alcanzó el 17,5% de las deudas familiares, con una suba de 0,3 puntos en el mes y de 10,5 puntos contra el año pasado, según un estudio de EcoGo y la Universidad Austral. Las fintech responden que del total del crédito en mora, solo el 8% les corresponde a ellas: el 74% está en los bancos y el 18% en otros proveedores no financieros.
El propio ministro de Economía, Luis Caputo, admitió la semana pasada que tasas de 700% u 400% “obviamente son abusivas”, pero descartó cualquier intervención: “hoy no hay nada que les impide a ellos hacerlo, esa es la realidad”. La respuesta del Gobierno frente a este escenario no fue regular, sino desregular más: desde 2023 se eliminaron las tasas pasivas mínimas para plazos fijos y los topes para préstamos a mipymes, al agro y a tarjetas de crédito. Mientras tanto, en el Congreso ya hay más de 30 proyectos para poner límites al sector, y los bancos evalúan replicar el esquema que impulsó Jorge Macri en la Ciudad, una tasa fija máxima del 35% y refinanciación a 24 meses, a cambio de beneficios impositivos.
Caputo tiene razón en una cosa: nadie puso una pistola en la cabeza de nadie para tomar un crédito, y las deudas se firman entre privados. Pero esa frase da por sentado algo que hace diez años era cierto y hoy no lo es: que endeudarse es una decisión. El viaje, el auto, la reforma de la cocina. Con 6 millones de personas en mora y las quejas por tasas abusivas creciendo 394% en un año, la deuda de una familia argentina promedio no es la de alguien que se quiere dar un gusto: es la de alguien que llega al día 20 del mes y todavía tiene que pagar la luz, el gas o el supermercado. Ahí la billetera virtual no es una opción, es el último cajero que le dice que sí. Y esa distinción no es un matiz semántico: es la que separa a un ministro que “no puede intervenir” de un ministro que decide no intervenir mientras la política económica empuja en la dirección contraria.




