Javier Milei encabezó este lunes el acto oficial por el 176° aniversario del fallecimiento del General José de San Martín, en el Monumento al Libertador de la Plaza San Martín, en Retiro. La ceremonia, prevista para las 15, marcó el regreso del Presidente a la agenda pública.
Al homenaje asistió todo el Gabinete nacional, jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y de las fuerzas de seguridad y el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri. Milei llegó acompañado por su hermana, Karina Milei, secretaria General de la Presidencia, y fue recibido por el ministro de Defensa, Carlos Presti, y por el propio Macri, con quien protagonizó un abrazo que quedó como una de las imágenes del día en medio del acercamiento entre el PRO y La Libertad Avanza de cara a 2027.
En su discurso, Milei apeló al legado del Libertador para reforzar el eje central de su gestión. Retomó la frase que San Martín dejó como mandato a la posteridad, “seamos libres, y lo demás no importa nada”, y la presentó como una obligación vigente para la Argentina actual.
El Presidente también reivindicó el desprendimiento del prócer una vez cumplida su misión militar, en contraste con las conducciones que se perpetúan en el poder. Sostuvo que San Martín “no tenía un afán de poder vacío, sino que tenía una visión de libertad y justicia, porque la verdadera medida de un libertador no está en cuándo toma las armas, sino en cuándo las suelta”.
Desde ahí, el mandatario trazó una línea directa hacia su diagnóstico económico y político. Argumentó que el país fue resignando, década tras década, buena parte de las libertades por las que San Martín combatió, y lo tradujo en una enumeración que apuntó al plano comercial, productivo y también al de la crítica pública: “Fuimos perdiendo nuestra libertad para comerciar, fuimos perdiendo nuestra libertad para emprender, fuimos perdiendo nuestra libertad para soñar con un futuro mejor, fuimos perdiendo nuestra libertad también para criticar a quienes suprimían nuestras libertades. Y esas libertades fueron perdidas en nombre de ampliar un Estado gigante”.
El tono de campaña también asomó cuando advirtió que “hoy la libertad se enfrenta a un nuevo conjunto de enemigos internos y externos”, en una definición que conectó el homenaje histórico con las tensiones políticas del presente. Sobre el final, subió la apuesta discursiva al garantizar que su gobierno dará “la batalla por la libertad donde sea necesario, sin importar el costo”, y que ese objetivo seguirá en pie “aun cuando todo el mundo se oponga”, porque a su criterio es “la única forma de hacer a nuestra nación grande nuevamente”.
Milei cerró apelando otra vez a la figura de San Martín como bandera de su proyecto político. Reconoció que el camino elegido “es arduo” y admitió que buena parte de la sociedad “se empobreció” durante la gestión anterior, mientras “una mínima minoría se benefició enormemente”. Pero insistió en que no hay “un pasado al que regresar” y llamó a sostener “la libertad como mandato”, en línea con lo que dijo, dejó trazado San Martín con el sacrificio de sus granaderos.
El discurso combinó así el tono institucional habitual de la fecha patria con guiños a la coyuntura económica y al reacomodamiento político entre el oficialismo nacional y el PRO, en una jornada que funcionó tanto como homenaje histórico como escenario de gestos hacia 2027.




