La inflación en Estados Unidos mostró una fuerte desaceleración durante junio y sorprendió positivamente a los mercados, luego de que el Departamento de Trabajo informara una caída mensual de los precios del 0,4% y una inflación interanual del 3,5%. La baja estuvo impulsada principalmente por la reducción en los valores de la gasolina, la ropa y los vehículos usados. Sin embargo, el recrudecimiento del conflicto entre Estados Unidos e Irán, junto con la escalada del precio internacional del petróleo, volvió a instalar dudas sobre la evolución de la economía y los próximos pasos de la Reserva Federal.
La inflación dio señales de alivio, aunque persisten focos de preocupación
El informe oficial reflejó la mayor caída mensual de los precios en los últimos cuatro años, mientras que la inflación anual descendió desde el 4,2% registrado en mayo hasta el 3,5%, un resultado mejor al esperado por la mayoría de los analistas.
Uno de los datos más alentadores fue el comportamiento de la inflación subyacente —que excluye alimentos y energía—, considerada uno de los principales indicadores que sigue la Reserva Federal para evaluar la evolución de los precios.
Durante junio, ese índice permaneció sin cambios respecto del mes anterior y acumuló un incremento interanual del 2,6%, por debajo del 2,9% registrado en mayo, aunque todavía por encima del objetivo del 2% fijado por el banco central estadounidense.
La moderación también alcanzó a otros rubros relevantes para el consumo. Los precios de la electricidad retrocedieron un 1% respecto de mayo, aunque siguen ubicándose un 4% por encima de los niveles de hace un año. La ropa registró una baja mensual del 0,6%, mientras que los alquileres mostraron un incremento mucho más moderado, con una suba del 0,1% durante junio.
En el caso de los alimentos, los precios aumentaron apenas un 0,2% en relación con mayo y acumularon un incremento interanual del 2,7%.
El conflicto en Medio Oriente complica el panorama económico
Pese a la mejora de los indicadores inflacionarios, el escenario internacional volvió a generar incertidumbre. La reanudación de los ataques estadounidenses contra Irán y la decisión del presidente Donald Trump de restablecer el bloqueo sobre el estrecho de Ormuz impulsaron nuevamente el precio internacional del petróleo.
El barril de crudo Brent, referencia para los mercados globales, superó los 87 dólares, con una suba superior al 4%, luego de que tanto Washington como Teherán aseguraran ejercer control sobre esa estratégica vía marítima por donde circula cerca del 20% del petróleo comercializado en el mundo.
La posibilidad de un nuevo encarecimiento de la energía preocupa tanto a los mercados como a la Reserva Federal, ya que un aumento sostenido del petróleo podría trasladarse nuevamente a la inflación y retrasar cualquier flexibilización de la política monetaria.
Las actas de la última reunión de la Reserva Federal también reflejaron un escenario dividido entre sus autoridades. Mientras un grupo de funcionarios considera necesario volver a subir las tasas de interés antes de fin de año para contener los precios, otro sector prefiere esperar nuevas señales sobre la evolución de la inflación antes de adoptar nuevas medidas.
En ese contexto, el presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, reafirmó el compromiso del organismo con la estabilidad de precios y aseguró que la entidad mantiene “ninguna tolerancia con la inflación”, al tiempo que prometió trabajar para convertirla en “cosa del pasado”.




