Estados Unidos lanzó este martes una nueva ofensiva militar contra objetivos estratégicos de Irán, pocas horas después de que el presidente Donald Trump anunciara el restablecimiento del bloqueo sobre el estrecho de Ormuz. Teherán respondió con ataques contra bases y aliados de Washington en Oriente Medio, además de acciones contra embarcaciones que navegaban por el corredor marítimo más importante para el comercio mundial de petróleo. La ruptura del acuerdo de alto el fuego provisional vuelve a colocar a la región al borde de una guerra de gran escala, con consecuencias económicas que ya se reflejan en el precio del crudo y en los mercados internacionales.
El alto el fuego quedó atrás y el estrecho de Ormuz vuelve a ser el centro del conflicto
La ofensiva estadounidense fue confirmada por el Comando Central (CENTCOM), que informó ataques contra sistemas de defensa costera, posiciones de misiles, drones e infraestructura militar iraní en distintas zonas del país.
Desde la Casa Blanca, Donald Trump sostuvo que Washington “está restableciendo el bloqueo” sobre Irán y aseguró que la medida busca impedir nuevas amenazas contra la navegación comercial en el estrecho de Ormuz.
El mandatario estadounidense también anunció que su administración impondrá un sistema de cobro a los buques que transiten bajo protección militar estadounidense, una decisión que representa un cambio significativo respecto de la histórica política de libertad de navegación impulsada por Estados Unidos.
La respuesta iraní no tardó en llegar. La Guardia Revolucionaria lanzó ataques contra objetivos vinculados a Estados Unidos en Baréin y Jordania, además de atacar dos petroleros relacionados con Emiratos Árabes Unidos que navegaban por el estrecho de Ormuz. Como consecuencia, un marinero murió y otras ocho personas resultaron heridas.
Las autoridades de Emiratos Árabes Unidos advirtieron que tomarán represalias por el ataque, mientras que Baréin activó en varias oportunidades las sirenas antimisiles debido a nuevos lanzamientos contra su territorio, donde se encuentra la Quinta Flota de la Marina estadounidense.
Por su parte, Jordania confirmó haber interceptado cuatro misiles lanzados desde territorio iraní antes de que impactaran en zonas habitadas.
Crece la tensión internacional y aumenta el temor por el impacto económico
El deterioro de la situación militar vuelve a poner en riesgo el funcionamiento del estrecho de Ormuz, un paso estratégico por donde, en tiempos normales, circula cerca del 20% del petróleo y del gas natural comercializados en el mundo.
Durante los últimos días, Irán volvió a atacar embarcaciones que utilizaban rutas cercanas a Omán, mientras varias compañías navieras redujeron el tránsito por la zona ante el aumento del riesgo.
La empresa Stolt Tankers confirmó que uno de sus buques fue alcanzado por un ataque cerca del mar Arábigo, lo que provocó un incendio en la sala de máquinas, aunque toda la tripulación logró ponerse a salvo.
El recrudecimiento del conflicto también terminó de desmoronar el acuerdo provisional de 60 días que ambas partes habían firmado para detener los combates y avanzar hacia una negociación definitiva sobre el programa nuclear iraní y la seguridad regional.
Con la tregua prácticamente rota, el mercado energético reaccionó de inmediato. El precio del crudo Brent volvió a superar los 84 dólares por barril, impulsado por el temor a nuevas interrupciones en el suministro global de energía. Aunque todavía permanece lejos del máximo cercano a los 120 dólares registrado durante el punto más crítico del conflicto, la nueva escalada amenaza con trasladar mayores costos a la economía internacional y presionar nuevamente sobre la inflación.
Mientras tanto, las gestiones diplomáticas continúan en distintos frentes. En Roma, delegaciones de Israel y Líbano mantienen conversaciones mediadas por Estados Unidos para intentar consolidar la frágil tregua alcanzada entre ambos países. Sin embargo, el recrudecimiento de los enfrentamientos entre Washington y Teherán vuelve a sembrar dudas sobre la estabilidad de toda la región y aumenta el riesgo de una expansión del conflicto hacia otros actores de Oriente Medio.





