Argentina es el segundo exportador mundial de maní y Córdoba concentra la mayor parte de la actividad. Pero ¿cómo logra esta cadena productiva transformar cáscaras y subproductos en energía renovable, materiales de construcción y nuevos insumos industriales?
Un gigante exportador con sello cordobés
Argentina se consolidó como uno de los principales protagonistas del mercado internacional del maní. Con Córdoba como epicentro productivo, el complejo manisero genera alrededor de USD 1.110 millones por campaña y ocupa el segundo lugar entre los exportadores mundiales, detrás de India.
Según el Informe Económico de la Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA), la cadena combina una fuerte orientación exportadora con un modelo de aprovechamiento integral de los recursos. La cáscara, que podría considerarse un residuo, se transforma en materia prima para generar electricidad, fabricar materiales de construcción y desarrollar nuevos productos industriales.
El desafío ya no consiste solamente en producir y vender más maní, sino también en aprovechar cada componente del cultivo para ampliar el valor agregado y reducir los desperdicios.
Argentina, entre los líderes del comercio mundial
La producción mundial de maní promedia los 50,7 millones de toneladas por campaña, de acuerdo con datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA). China lidera el ranking, con 18,8 millones de toneladas, equivalentes al 37% del total. Le siguen India, con 6,9 millones, y Nigeria, con 5 millones.
Argentina ocupa el sexto puesto como productor, con aproximadamente 1,4 millones de toneladas y una participación del 3%. Sin embargo, su relevancia comercial supera su posición en el ranking productivo.
En el mercado exportador, el país concentra el 21,3% de la oferta mundial, con un promedio de 1,02 millones de toneladas por campaña. India encabeza la clasificación, con el 22%, mientras que China, Estados Unidos y Brasil completan el grupo de los principales proveedores internacionales.
El comercio mundial moviliza alrededor de 4,8 millones de toneladas por campaña y presenta una marcada concentración: los seis principales exportadores reúnen el 83,5% del mercado.
Del lado de la demanda, la Unión Europea constituye el principal destino de las importaciones, con el 22,8% del total. China ocupa el segundo lugar, seguida por Indonesia, Vietnam, México y Rusia.

Córdoba concentra la producción y la industria
Aunque el maní se desarrolla en zonas subtropicales, el cultivo encontró en Argentina condiciones favorables para expandirse. La provincia de Córdoba concentra el 75,4% de la producción nacional, seguida por Buenos Aires, con el 12,9%, y La Pampa, con el 5,1%. San Luis, Santa Fe y otras provincias completan el mapa productivo, aunque con participaciones menores.
En Córdoba, la siembra ideal comienza durante las primeras semanas de noviembre. En ese período se concentra aproximadamente la mitad de las labores, que se completan entre fines de diciembre y principios de enero.
De acuerdo con estimaciones del Departamento de Información Agronómica de la BCCBA, la provincia produce en promedio casi un millón de toneladas de maní en caja, equivalentes a unas 686.000 toneladas de maní en grano.
Récord de molienda
La industrialización constituye otro de los pilares del complejo. Argentina procesa en promedio unas 187.000 toneladas de maní por campaña y Córdoba concentra el 90% de esa actividad, gracias a la infraestructura instalada principalmente en el sur provincial.
De la molienda se obtienen tres subproductos: aceite, pellets y expeller, con participaciones del 39%, 55% y 6%, respectivamente.
La campaña 2024/25 marcó un récord, con una molienda de 280.000 toneladas. En ese período, la producción de aceite alcanzó las 116.000 toneladas, un aumento del 119% respecto de la campaña anterior. Los pellets llegaron a 147.000 toneladas, con un crecimiento del 117%, mientras que el expeller sumó 17.000 toneladas, un 43% más.
Este desempeño se debió, en parte, al Decreto 38/2025, de enero de ese año, que estableció derechos de exportación del 0% para el maní blancheado y determinados residuos sólidos de la molienda, entre ellos tortas, expellers, pellets y harina de tortas. La medida generó incentivos para industrializar y exportar productos con mayor valor agregado.

Más toneladas exportadas no siempre significan más dólares
Las exportaciones argentinas de maní promedian las 798.000 toneladas por campaña. En 2024/25 se registró un récord de volumen, con más de 933.000 toneladas comercializadas en el exterior. Entre los principales productos exportados se encuentran el maní blancheado y de confitería, con un promedio de 377.000 toneladas; el maní tostado y la manteca de maní, con 219.000 toneladas; el aceite, con 69.000 toneladas, y los pellets, con 19.000 toneladas.
En términos de ingresos, el complejo genera un promedio de USD 1.110 millones por campaña, considerando las últimas cinco. El maní blancheado aporta alrededor de USD 488 millones, seguido por el maní tostado, con USD 312 millones; el aceite, con USD 94 millones, y el pellet, con USD 5 millones.
Sin embargo, el récord exportador de 2024/25 no se tradujo en una mayor entrada de divisas. La explicación estuvo en los menores precios registrados durante ese período, una señal de que el desempeño del sector depende tanto de los volúmenes comercializados como de las cotizaciones internacionales.
Países Bajos es el principal destino del maní argentino, con un promedio de 245.000 toneladas y una participación del 35% del mercado considerado en el informe. También se destacan Polonia, Reino Unido, Rusia y China.
¿Cuánto maní consumimos los argentinos?
El consumo humano de maní es encabezado por Nigeria con 11,9 kilos por habitante al año, seguida por China (5,6 kg) y Canadá (4,3 kg). Indonesia y Estados Unidos comparten el cuarto lugar, con 4,2 kg, mientras que Argentina se ubica sexta, con un promedio de 2 kilos anuales por persona.

Economía circular
Uno de los rasgos distintivos de la cadena es su modelo de economía circular, que busca aprovechar integralmente los componentes del cultivo y convertir los residuos en recursos con valor económico.
La cáscara de maní puede utilizarse para generar energía renovable, fabricar materiales para la construcción, producir biocarbón y desarrollar otros insumos. En Córdoba, varias empresas ya incorporaron su uso como biomasa para generar electricidad.
El potencial de la cáscara no termina en la generación eléctrica, también puede incorporarse a matrices cementicias o poliméricas para fabricar ladrillos, bloques, placas para cielorrasos y tableros aglomerados similares a los de madera. Estos materiales pueden ofrecer ventajas por su bajo peso y sus propiedades de aislamiento térmico. También representan una alternativa que podría competir económicamente con algunos productos convencionales.
Otra alternativa es la producción de biocarbón, un material que puede obtenerse mediante pirólisis, un proceso térmico que transforma la biomasa en ausencia o con una cantidad limitada de oxígeno.

Investigadores del Instituto de Investigaciones en Biociencias Agrícolas y Ambientales (INBA), perteneciente a la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires y al CONICET, estudiaron la transformación de cáscara de maní mediante este procedimiento. El producto obtenido puede utilizarse como enmienda para los suelos.
Según los cálculos incluidos en el informe, las procesadoras cordobesas generan unas 325.805 toneladas anuales de residuos de maní. En función del rendimiento del proceso, ese volumen permitiría producir entre 65.000 y 163.000 toneladas de biocarbón por año.
La innovación también avanza hacia otros productos. El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) desarrolló un método para obtener colorantes naturales a partir de la cáscara de maní, mientras que la Universidad Nacional de Villa María investiga su utilización para fabricar plásticos biodegradables, en particular películas similares al papel film.
Además, este residuo puede aprovecharse como alimento para ganado y animales de corral, ampliando las posibilidades de uso dentro de las cadenas agroindustriales.
El desafío planteado para la cadena manisera será consolidar estas iniciativas y fortalecer la competitividad del sector, en un contexto de reglas macroeconómicas transparentes. La evolución de la cadena dependerá no solo de cuánto maní produzca y exporte Argentina, sino también de su capacidad para convertir cada residuo en un recurso y cada innovación en valor agregado para la economía nacional.




