Soja, maíz, carne, girasol y trigo impulsan una fuerte recuperación de las exportaciones agroindustriales.
Las exportaciones agroindustriales argentinas atraviesan 2026 con un marcado crecimiento y un protagonista excluyente: el complejo sojero. Entre enero y agosto, el sector agroindustrial generó US$36.779 millones, un 13,1% más que en igual período de 2025 (equivalentes a US$4.246 millones), mientras que varios de los principales productos agrícolas muestran una combinación de mayores volúmenes, mejores precios y oportunidades comerciales en mercados internacionales. Solo durante agosto, las exportaciones agroindustriales alcanzaron US$4.803 millones, con una mejora interanual de US$85 millones, equivalente al 1,8%.
El dato -que se desprende de un informe del Consejo Agroindustrial Argentino- general adquiere mayor relevancia al observar qué complejos están explicando el incremento. Girasol, carne y cuero vacuno y maíz fueron los principales impulsores del crecimiento acumulado, mientras que durante agosto se destacaron por su expansión relativa los complejos porcino, de girasol y algodonero. En sentido contrario, la evolución de la soja, el sector avícola y el complejo sucroalcoholero actuó como factor de amortiguación del crecimiento general. Aun así, el complejo sojero conserva un peso decisivo: representa el 33,8% del total agroindustrial exportado y generó US$12.424,8 millones en los primeros ocho meses, aunque con una baja interanual del 1,9%.
Récord histórico para el aceite de soja
Dentro de ese universo, el aceite de soja aparece con un desempeño excepcional. Las exportaciones argentinas alcanzaron en los primeros cinco meses de la campaña 2025/26 un récord histórico para ese período: entre mayo y septiembre se embarcaron 3,03 millones de toneladas, superando por primera vez la barrera de los tres millones. Los datos del INDEC muestran la fortaleza de una de las principales ramas de transformación de la soja argentina, en un momento en que la demanda internacional sostiene el mercado y genera condiciones favorables para el complejo oleaginoso.
Uno de los motores de esta dinámica es India, que mantiene su condición de principal importador mundial de aceites y viene incrementando sus compras de aceite de soja. A esto se suma una situación particular entre los países competidores: algunos de los principales exportadores están destinando una proporción creciente de su producción al mercado interno para la elaboración de biocombustibles. Esa decisión reduce la disponibilidad de aceites para el comercio internacional y genera un espacio adicional para los proveedores que mantienen una fuerte capacidad exportadora, entre ellos la Argentina.
El récord de volumen se produce, además, en un escenario de precios elevados. Durante 2026 el aceite de soja destinado a la exportación se mantuvo por encima de los US$1.100 por tonelada, con períodos en los que superó los US$1.200. Por eso, el incremento de las cantidades embarcadas no solo representa un récord físico: también tiene el potencial de generar un impacto significativo sobre el valor total exportado del complejo sojero. La combinación entre demanda internacional, menor disponibilidad relativa de algunos competidores y precios firmes coloca al aceite como uno de los productos que explica la renovada fortaleza exportadora del agro argentino.
La exportación de harina de soja sigue creciendo
El desempeño positivo también alcanza a la harina de soja, el otro gran componente de la industrialización del poroto argentino. Los embarques acumulados llegan a 13,41 millones de toneladas, cerca de un millón de toneladas por encima del promedio de los últimos años. Agosto fue particularmente destacado: se exportaron 2,91 millones de toneladas, el mayor volumen mensual de los últimos doce meses. La magnitud de estos números vuelve a mostrar el peso que conserva la Argentina en el comercio mundial de derivados de soja.
El contraste con Brasil también resulta significativo. Durante agosto, el principal competidor regional embarcó 2,02 millones de toneladas de harina de soja, su menor volumen desde febrero y por debajo del promedio de 2,4 millones de toneladas registrado en los meses anteriores. Esta menor disponibilidad brasileña contribuye a mejorar el posicionamiento relativo de la Argentina en el mercado internacional de subproductos de la oleaginosa, justamente cuando el complejo local consigue sostener elevados niveles de industrialización y embarques.

El maíz, otro motor de los dólares del agro
Mientras la soja sostiene su fortaleza, el maíz se convirtió en otro de los grandes protagonistas del año. El complejo acumuló US$6.043,3 millones entre enero y agosto, con un crecimiento interanual del 16,5% y una participación del 16,4% en las exportaciones agroindustriales. Solo en agosto, los envíos del cereal crecieron 56% interanual, consolidándolo como el segundo complejo de mayor relevancia después de la soja.
El mayor atractivo del maíz argentino también está relacionado con la situación de sus competidores. Ucrania y Rusia concentran conjuntamente el 12,2% de las exportaciones mundiales del cereal, pero los ataques sobre infraestructura y las dificultades logísticas mantienen bajo presión la oferta de esa región. A esto se agregan problemas productivos en otros grandes exportadores: la sequía afectó la producción de maíz de la Unión Europea, Francia atraviesa una situación particularmente complicada y el USDA proyecta una caída cercana a 30 millones de toneladas en la producción estadounidense de la campaña 2026/27.
Brasil también aporta menos mercadería al mercado internacional. Entre enero y agosto despachó 14,48 millones de toneladas de maíz, un 8% menos que en igual período de 2025 y casi 43% por debajo del máximo registrado en 2023. La mayor demanda interna vinculada con la producción de biocombustibles aparece entre los factores que explican la reducción.
Girasol y carne, dos complejos que impulsan las ventas externas
La fortaleza exportadora no se limita a los granos y subproductos. El complejo girasol acumuló US$2.717,6 millones en los primeros ocho meses del año, con un crecimiento extraordinario del 89,9% interanual. La carne y el cuero vacuno también muestran una evolución destacada: alcanzaron US$3.561,2 millones, un 38% más que durante enero-agosto de 2025, mientras que solo en agosto las exportaciones del complejo aumentaron 28%, puntualiza un relevamiento del Consejo Agroindustrial Argentino.
En el caso de la carne, la mejora combina recuperación de las cotizaciones y mayores volúmenes exportados. El resultado confirma el papel creciente que está teniendo el sector dentro de la generación de divisas agroindustriales. A su vez, distintas economías regionales también mostraron fuertes avances: porcinos creció 104%, el complejo algodonero 86%, legumbres 61% y apícola 59% durante enero-agosto.

Trigo: otra oportunidad sobre el cierre de la campaña
El trigo comienza a sumarse a este escenario de oportunidades. Las descargas en los puertos exportadores alcanzaron su mayor nivel desde abril, en un contexto internacional marcado por las dificultades que atraviesan Rusia y Ucrania. Ambos países registraron durante agosto, en conjunto, su peor desempeño exportador desde 2010, generando una búsqueda de proveedores alternativos por parte de distintos importadores.
Ese contexto ya comienza a reflejarse en los embarques argentinos. El line-up de trigo alcanzó su mayor nivel desde abril y las exportaciones de septiembre se estiman en alrededor de 916.000 toneladas, volumen que permitiría alcanzar un récord mensual.
El panorama general muestra a un agro que vuelve a ganar peso como generador de divisas. La foto exportadora, sin embargo, convive con señales diferentes en el mercado interno. Mientras algunos productos encuentran condiciones excepcionales en el exterior, los precios locales y el ritmo de comercialización no siempre acompañan esa dinámica. El mejor ejemplo de ellos es lo ocurrido con el trigo, cuya cotización cayó al menor precio registrado desde el 20 de agosto pasado.




