El oficialismo aceleró en las últimas horas los contactos con los diez gobernadores del norte para blindar en el Senado la aprobación de Zonas Frías y, de paso, abrir una ventana de negociación para las provincias calurosas que también reclaman un régimen especial por el consumo eléctrico del verano. La jugada tiene lógica de manual: separar los tiempos, cerrar primero lo que ya viene aprobado de Diputados y dejar para después la discusión más compleja, la que involucra plata y presión política de las provincias del norte grande.
Diego Santilli fue el encargado de sostener el contacto con los mandatarios provinciales durante el fin de semana, con el objetivo de llegar este miércoles a Posadas con las posiciones más o menos acomodadas. En Balcarce 50 leen la foto de la cumbre como una jugada de doble filo a favor: si sale bien, el Gobierno desactiva un conflicto regional y asegura los votos que necesita para que Zonas Frías pase por el Senado sin que nadie le toque una coma, porque cualquier modificación obliga a que el proyecto vuelva a Diputados y ahí sí, se complica.
La foto de Posadas tiene su propio dato político: van a estar los diez gobernadores de la región, algo poco habitual dado lo distinto de sus vínculos con la Casa Rosada. Passalacqua hace de anfitrión en Misiones y comparte mesa con Sáenz, Jaldo, Jalil, Sadir, Zdero, Valdés, Suárez, Quintela e Insfrán, una mezcla que va del alineamiento dócil hasta la resistencia abierta, ahí están Quintela, en pie de guerra permanente con Milei, y Suárez, que responde al armado de Zamora en Santiago del Estero. Que semejante heterogeneidad logre ordenarse detrás de un mismo reclamo energético dice bastante sobre cuánto pesa la billetera cuando hay que negociar.
El combo no termina en Posadas. El jueves 13, Santilli y Luis Caputo viajan a Catamarca para reunirse con Jalil y Suárez y poner en marcha la Red de Acueductos Albigasta, obra financiada por el BID por casi 100 mil millones de pesos que promete agua potable para 35.900 habitantes entre Catamarca y Santiago del Estero. La escala no es casual: mientras negocia votos, el Gobierno también reparte gestión, mostrando que el vínculo con el norte dejó de limitarse a la rosca parlamentaria y empezó a incluir obra concreta.
Detrás de tanto despliegue hay un antecedente que el oficialismo no quiere repetir: el traspié de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que salió aprobada pero a costa de resignar dos capítulos, la ampliación para compra de tierras por extranjeros y la flexibilización para vender terrenos incendiados, que los gobernadores le voltearon en el recinto. Esta vez la apuesta es invertir la secuencia: cerrar el acuerdo político antes de que el proyecto llegue al Senado, no mientras se está discutiendo, para no repetir el papelón de negociar con la ley ya arriba de la mesa.
Lo que viene después es la parte más incómoda para la Casa Rosada: inventar un régimen de zonas cálidas que reconozca que el aire acondicionado en el norte no es un lujo sino una necesidad de subsistencia térmica, sin que eso choque contra la motosierra tarifaria que el Gobierno viene blandiendo como bandera. Ahí es donde el relato de la unidad regional se va a topar con la calculadora del Ministerio de Economía, y donde probablemente aparezcan las primeras grietas de un acuerdo que, por ahora, es más gesto político que letra chica.





