La campaña para 2027 todavía no empezó, pero en la Provincia ya se siente el olor a interna.
El peronismo bonaerense volvió a meterse en su discusión preferida: quién conduce, quién manda, quién tiene los votos, quién arma las listas y quién se queda con la lapicera. Cristina, Máximo, Kicillof, La Cámpora, los intendentes, todos con algo para decir y, sobre todo, con un lugar que defender.
Mientras acomodan las piezas, la Provincia sigue con problemas bastante más concretos: inseguridad, lugares donde conseguir un turno médico es una odisea, escuelas que no están en condiciones, vecinos del conurbano profundo que directamente dejaron de salir de noche, que aprendieron, como todos nosotros en mayor o menor medida, a mirar quién viene atrás, guardar el celular, avisar cuando llegamos.
La política, mientras tanto, ya está pensando en 2027.
Kicillof quiere construir su propio camino, el kirchnerismo no parece dispuesto a dejarle el lugar servido, Máximo marca territorio, los intendentes miran, esperan, hacen sus propias cuentas. El problema es que afuera de esa mesa hay un montón de bonaerenses con bastante poco interés en esa pelea.
Del lado libertario la película tampoco está resuelta: La Libertad Avanza tiene toda la concentración puesta en la agenda nacional ,economía, déficit, inflación, casta, kirchnerismo, y encontró una herramienta que le funciona, que es mantener vivo el fantasma del “riesgo kuka”, con Cristina apareciendo una y otra vez como el monstruo que puede volver, como si toda elección fuera una película de terror donde hay que votar para que no regrese el pasado. Funciona, claro que funciona, pero la Provincia es bastante más compleja que un jump scare.
El bonaerense puede estar conforme con que bajó la inflación, tener miedo cuando su hijo sale de noche. Puede querer menos impuestos, reclamar que el hospital del municipio funcione. Puede estar de acuerdo con Milei, no sentirse representado por un libertario que llega a su distrito hablando solo de política nacional. Gobernar la Provincia requiere conocer la Provincia, ahí hay un dato que a varios todavía les cuesta digerir: el bonaerense cambió. Ya no vota con la camiseta puesta. Hay peronistas que dejaron de votar al peronismo, gente que votó a Milei convencida, gente que lo votó para castigar, muchos que están esperando ver quién les habla de sus problemas y no de los problemas de los dirigentes.
Ese voto está ahí. Puede ser enorme.
Tanto el peronismo como La Libertad Avanza tienen, por delante, una tarea más difícil que ordenar internas o cerrar alianzas: leer a la Provincia. Mientras unos siguen discutiendo quién fue el dueño del pasado, otros siguen señalando al enemigo de siempre, el bonaerense está haciendo sus propias cuentas. Esta vez, quizás, no tenga ganas de votar con la camiseta de nadie.





