En verano solemos decir: “Ahora que tengo más tiempo, voy a dedicarme a mí”. Pero cuando finalmente lo tenemos, no siempre lo usamos como pensábamos.
¿Por qué?
Porque no es solo una cuestión de tiempo, sino de energía emocional disponible.
Podés tener una agenda vacía y, sin embargo, sentirte sin ganas, apagado/a, o con el foco completamente disperso.
El desgaste acumulado del año, las exigencias autoimpuestas, los vínculos que restan en vez de sumar… todo eso pesa.
Y eso también se nota en verano.
A veces creemos que necesitamos organizar mejor el calendario, cuando en realidad necesitamos volver a conectarnos con lo que nos recarga:
con lo que nos apasiona, con lo que nos mueve, con lo que nos devuelve presencia.
Si este verano querés hacer una pausa distinta, más consciente y más nutritiva, podemos trabajar juntos.
Te acompaño a reencontrarte con eso que te da sentido.
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