Hay una forma de ansiedad que no se nota tanto. Porque no paraliza, no bloquea, no impide hacer. Al contrario: empuja a hacer más, a estar siempre alerta, a anticiparse a todo, a correr aunque no haya peligro real.
Es una ansiedad que se disfraza de eficacia, de previsión, de compromiso. Pero tiene algo en común con la ansiedad más visible: agota, desgasta y termina pasando factura.
Cuando la ansiedad se convierte en el motor principal, la acción pierde contacto con el deseo, y se transforma en reacción. Vivimos corriendo atrás de pendientes, problemas por resolver, escenarios posibles. Y lo hacemos bien. Pero adentro, hay tensión constante.
Algunos indicadores de que la ansiedad está al mando:
- Necesidad de revisar todo dos o tres veces.
- Dificultad para “bajar” después de la jornada.
- Sensación de que, si no estás alerta, algo malo puede pasar.
- Hipervigilancia emocional: estás pendiente de todo lo que hacen o dicen los demás.
- Dificultad para disfrutar, incluso cuando todo está bien.
Lo que ocurre es que la mente no distingue entre anticiparse y vivir en amenaza constante. Y ese estado, sostenido en el tiempo, desgasta el cuerpo, embota la percepción y apaga el deseo.
¿Qué hay detrás de esa ansiedad que empuja tanto?
- Mandatos de hiperresponsabilidad desde muy jóvenes.
- Experiencias tempranas donde el control parecía necesario para sobrevivir emocionalmente.
- Ambientes de trabajo donde el estrés es la norma.
- Falta de espacios reales para descargar, expresar, frenar.
La ansiedad no siempre grita. A veces produce. A veces hace rendir. Pero si no se la reconoce, termina volviéndose una trampa disfrazada de virtud.
Claves para bajarte del ritmo que la ansiedad impone:
- Chequeá si tu impulso de hacer está más vinculado al miedo que al deseo.
- Frená por unos minutos antes de cada acción automática. Preguntate: ¿esto lo hago porque quiero o porque temo?
- Empezá a registrar cuándo tu cuerpo está tenso aunque no haya motivo evidente.
- Buscá actividades que te obliguen a cambiar el ritmo: arte, caminatas lentas, respiración consciente.
- Permitite no estar al mando de todo. Aunque sea por un rato. La vida también sucede ahí.
Nos leemos pronto,
Vicky Fiorenzi
Consultora Psicológica
Instagram: @vfcounselor
Si estás necesitando comenzar un proceso de acompañamiento, de escucha sincera y sin juicio te dejo mi contacto directo: https://wa.me/message/PLL4KUXBVMVRC1





