Hay un momento en el que algo hace clic.
No es que pase algo grave, necesariamente.
Pero algo en vos se da cuenta de que venís tolerando más de lo que deberías.
Tolerás que te hablen mal.
Tolerás que te resten importancia.
Tolerás tareas, demandas o gestos que ya no querés seguir sosteniendo.
Y quizás lo hacés con la mejor intención:
para no generar conflicto,
para sostener un vínculo,
porque creés que “no es para tanto”.
Pero la cuenta interna no miente.
Sentís el cuerpo tenso, el humor cambiante, el cansancio emocional.
Una especie de hartazgo silencioso que se acumula.
A veces, la tolerancia no es paciencia. Es resignación.
Y la resignación no tiene nada que ver con la calma. Es un desgaste que se disfraza de aguante.
Reconocerlo no siempre lleva a una decisión inmediata.
Pero ponerle nombre ya es un acto de amor propio.
Porque lo que se nombra, se empieza a mover.
Si estás ahí, podés contar con un espacio de escucha y claridad.
Te acompaño a revisar lo que estás tolerando para que puedas elegir desde otro lugar.
Escribime por WhatsApp para coordinar una primera entrevista:
https://wa.me/message/PLL4KUXBVMVRC1
O visitá www.victoriafiorenzi.com para conocer más sobre cómo trabajo.





