Las adolescencias siempre fueron territorio de exploración identitaria. Pero hoy esa exploración ocurre en un contexto particularmente frágil.
Instituciones debilitadas. Adultos desbordados. Estado ausente. Redes sociales hiperestimulantes. Y una profunda crisis de referencias simbólicas.
Cuando las estructuras que deberían ofrecer marco y límite fallan, la identidad se vuelve terreno de experimentación extrema. No como moda superficial, sino como búsqueda desesperada de pertenencia y sentido.
La agresividad creciente, las identidades provocadoras o desancladas, el consumo problemático y la dificultad para proyectar futuro no pueden leerse aisladas del contexto social.
Un adolescente no se construye solo. Se construye en comunidad.
Si la comunidad está fragmentada, el psiquismo joven también lo estará.
Cuidar la salud mental de las nuevas generaciones implica mucho más que diagnósticos. Implica reconstruir lazos, garantizar derechos y ofrecer presencia adulta real.
Consultora Psicológica





