Hay gobiernos que administran el presente y otros que gobiernan mirando obsesivamente el tablero que viene. Javier Milei parece decidido a jugar esa partida con varios movimientos de anticipación. El 1,7% de inflación de agosto le dio al Gobierno una cifra para exhibir como trofeo, pero debajo de ese número aparece una economía bastante más áspera: consumo débil, locales que cierran, ingresos que siguen siendo escasos y una sociedad que empieza a preguntar cuándo llegará a la vida cotidiana esa recuperación que todavía aparece con más claridad en los discursos que en los bolsillos. Milei entiende que la desinflación es la columna vertebral de su proyecto y confía en que, con el tiempo, el electorado terminará premiando el sacrificio. El problema es que las elecciones no se disputan en una planilla del INDEC, sino en supermercados, comercios, hogares y cuentas bancarias.
Por eso la Casa Rosada ya juega la partida de 2027. Karina Milei volvió a sentarse con dirigentes del PRO, Diego Santilli negocia con gobernadores y los armadores libertarios intentan construir acuerdos en las provincias donde todavía necesitan socios. El oficialismo quiere que esa arquitectura territorial sirva también para conseguir un objetivo inmediato: aprobar la reforma electoral y, especialmente, eliminar las PASO. Y allí comienza la verdadera pelea, porque la reforma no es un detalle administrativo: puede modificar las reglas con las que se ordenará la oposición y, sobre todo, el peronismo.
El próximo martes 15 de septiembre, la Comisión de Asuntos Constitucionales del Senado comenzará a discutir el proyecto que impulsa el Gobierno. Agustín Coto estará al frente de esa instancia y, en Balcarce 50, saben que todavía no tienen los votos necesarios. Por eso empezó una negociación que mezcla reforma electoral, acuerdos políticos, promesas futuras y, según el armado oficialista, hasta distribución de recursos. Santilli y Eduardo “Lule” Menem buscan preservar el vínculo con una red de 13 gobernadores, mientras los ATN aparecen como una herramienta más en una negociación donde nadie regala nada.
El problema para Milei es que ni siquiera sus aliados están completamente alineados. Cristian Ritondo aseguró que el PRO está “dispuesto a discutir alternativas que sean razonables”, aunque Martín Goerling Lara, jefe del bloque del PRO en el Senado, advirtió que hoy no observa una mayoría para eliminar las primarias. El gobernador catamarqueño Raúl Jalil, que durante buena parte del tiempo acompañó al oficialismo (ya puso las fechas de las elecciones provinciales, pegadas a las nacionales), empezó a reclamar una mesa más amplia y dejó abierta la posibilidad de postergar la discusión hasta marzo o abril de 2027. Osvaldo Jaldo, por su parte, ya expresó su rechazo a modificar las reglas electorales antes de los comicios. La aritmética del Senado, como suele suceder en la Argentina, tiene menos de matemática y bastante más de negociación.
Milei quiere las PASO afuera porque sabe que una interna peronista sin primarias puede fragmentarse hasta convertirse en una colección de candidaturas compitiendo por el mismo espacio. Cristina Kirchner conserva capacidad de veto, aunque esté inhabilitada electoralmente, mientras Axel Kicillof intenta construir una autonomía que lo aleje de esa tutela. La eliminación de las PASO podría dejar a ese peronismo frente a una interna sin árbitro institucional y, para el oficialismo, esa dispersión sería una ventaja.
Y entonces aparece el tercer acto: el peronismo empieza a entender que no puede regalarle a Milei el escenario. Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner y Ricardo Quintela ya compartieron mesa, mientras los intendentes bonaerenses buscan transformarse en un actor con peso propio. Este viernes, Quintela llegará a San Vicente para reunirse con una liga de intendentes que ya recibió a Massa y que también mantiene contactos con Kicillof y Máximo. Federico Otermín, Federico Achával, Gustavo Menéndez y Gastón Granados son parte de esa trama territorial que empieza a reclamar voz propia en la discusión sobre 2027.
Quintela intenta, además, convertirse en puente hacia los gobernadores del norte. Ya reunió a Jalil, Jaldo y Gerardo Zamora para coordinar posiciones frente a la reforma y ensayar una estrategia común. Allí apareció una de las pocas grietas visibles: Jalil propuso negociar; Jaldo ratificó su rechazo; Zamora se mueve en sintonía con el sector que tampoco quiere modificar las reglas antes de la elección.
Mientras tanto, Massa vuelve a caminar la escena sin necesidad de anunciar una candidatura y los intendentes empiezan a comportarse como si hubieran descubierto algo que el peronismo suele olvidar: que el poder territorial también puede negociar. Kicillof siente que lo están acorralando desde los diferentes sectores del peronismo, y por eso pretende resolverlo en las PASO, para sentirse legitimado. Quizás por eso la política argentina vuelve a ofrecer su espectáculo favorito. Milei intenta ordenar el futuro desde la Casa Rosada, el Senado cuenta votos como quien cuenta fichas en una mesa de casino y el peronismo busca ponerse de pie antes de que alguien termine de escribir las boletas.
La paradoja es que todos hablan de 2027, pero la verdadera elección ya comenzó. Y esta vez, Milei no competirá solamente contra un adversario. Competirá contra el resultado de su propia gestión. Ahí está la verdadera PASO: la que se juega cada día en el bolsillo de los argentinos.




