Por Eugenio Ratto
Profesor y Licenciado en Ciencias de la Educación (UBA)
Siempre se ha hablado de educación cuando se acercaban los comienzos de los ciclos lectivos, no por gran interés de funcionarios, docentes, estudiantes o familias, sino por la amenaza de paros debido a reclamos salariales por parte de los gremios que representan a los profesores. Cuando, por alguna razón, se habla de educación en los medios durante el año, algo grave ocurrió o está ocurriendo, si es que no es debido a que se reanudan los reclamos por mejores salarios.
Digamos todo: tal vez sea el tema menos marketinero para la opinión pública. Es más interesante hablar de deportes, de espectáculos, de IA, de economía, etc. Pero “la educación” es el lema con el que se llenan la boca los políticos cuando opinan sobre la causa y la solución de los problemas de la sociedad.
Estamos en octubre y se habla de varios temas sobre educación. Esto es sinónimo de que algo raro pasa, porque no es producto solo de la pugna por una mejora salarial.
El tema principal pasa porque el Poder Ejecutivo no cumple con lo aprobado por el Poder Legislativo en cuanto a la Ley de Presupuesto Universitario. Claro que este incumplimiento se logró con un sinfín de artilugios legales. Hay muchas notas escritas sobre este tema: que el bajo presupuesto se relaciona con el bajo rendimiento que se puede observar en los resultados de pruebas estandarizadas como las PISA, que produce fuga de cerebros, de docentes, cierre de carreras, falta de becas, etc.
Más allá de lo que fue la concentración legítima y multitudinaria de la UBA por la aplicación de la Ley de Presupuesto Universitario, en esta nota queremos poner el foco en una realidad nacional y mundial que desata protestas en todo el mundo, pero que se hace carne en los motivos de las manifestaciones que se dan en París: un gran problema es la falta de docentes.
En los medios vemos que los estudiantes parisinos embisten contra las fuerzas de seguridad. El motivo no es la gratuidad, la falta de vacantes, la escasez de oferta educativa; el problema es que no hay profesionales de la educación. Y traemos esta realidad porque en Argentina pasa lo mismo: se están terminando los profesores.
Deben estudiar carreras muy largas, con prácticas y residencias no rentadas y con un horizonte de salarios pobres, sumado a un gran abanico de responsabilidades (la mayoría no pedagógicas). Funcionarios y políticos miran para otro lado. En las publicidades que vemos en las calles ofrecen beneficios para que seas policía, como una gran salida laboral, pero nada dicen de ser docente.
Un estudio de la UBA sobre IA, sobre profesiones que pudieran llegar a ser absorbidas por la Inteligencia Artificial, reveló que se comprobó que la IA no podía reemplazar al docente. En las pruebas no lograron alfabetizar a niños.
A veces, algunas fuerzas políticas, ante ausencias por paros, proponen suplantarlos por “facilitadores” y, en el caso de muchas instituciones, toman como docentes a profesionales sin conocimientos pedagógicos que terminan generando conflictos de todo tipo.
Si tanto en Argentina como en muchos lugares del mundo se sigue tomando a la docencia como una profesión más, dejando a la deriva su formación mientras se pagan salarios de pobreza, el resultado estará a la vista: no habrá más profesionales de la educación, la calidad educativa será paupérrima, así como los estudiantes que se formen.
Pero luego deberemos seguir oyendo que “el problema está en la educación”. Claro, acá está la consecuencia de las políticas públicas y los funcionarios que la ven como un gasto, en vez de una inversión a futuro.





