Por Eduardo Falcone
Diputado Nacional Bloque Mid
Culmina un año legislativo intenso. La aprobación del Presupuesto 2026 le da al gobierno una nueva oportunidad de dar señales al mundo, de que la mayoría del sistema político argentino quiere dejar atrás dos décadas de populismo, y avanzar hacia un futuro con un modelo que respete más, con unas reglas macroeconómicas más saludables, racionalizar el Estado, y ofrecer mayor seguridad jurídica para impulsar inversiones privadas que permitan superar un largo periodo de estancamiento, y crecer sostenidamente.
En ese camino, el oficialismo tuvo que asimilar primero derrotas electorales y legislativas que fueron determinantes para que tomaran conciencia de que no le alcanzaba con defender con fanatismo los credos libertarios en las redes sociales, y de que su victoria electoral en Octubre es todavía insuficiente para que el Congreso le valide cualquier cosa sin chistar.
Lo que parece estar ocurriendo, es una transición de un sistema político en el que emerge Milei con un liderazgo inesperado, que enfrenta a una oposición desconcertada, pero que todavía no ha consolidado la construcción de un oficialismo estable. No le alcanza con su partido, ni con sus legisladores para ello.
Un conocido analista político se preguntaba hace unos meses, antes del contundente y de algún modo sorpresivo triunfo de LLA en las elecciones de medio término: “¿la Argentina va a contar con un oficialismo? ¿Se organizará una fuerza alrededor del Gabinete con proyección sobre el Congreso, capaz de impulsar reformas y resistir embates de la oposición? ¿Dónde empieza y dónde termina el oficialismo?”.
A mi juicio, esos interrogantes todavía no han sido saldados, y están todavía en crisis si observamos lo ocurrido durante el trámite de discusión del Presupuesto 2026, que fue aprobado, más gracias a la colaboración de un grupo de Diputados aliados al gobierno, entre los que se encuentra el Bloque del MID, que a un Bloque oficialista que cometió errores groseros que pusieron al borde del rechazo el Proyecto.
Puesto en números, la votación en general obtuvo 132 votos positivos, como la mayoría de los capítulos votados en particular, excepto el controvertido Capítulo 11 que tuvo solamente 117 votos a favor y no fue aprobado. Téngase en cuenta que en 2024 el Bloque de LLA tenía menos de 40 Diputados y aprobamos la Ley Bases con 147 votos positivos y que ahora, con un bloque de 95 Diputados, estuvo al borde de no alcanzar el quórum y pudo aprobar el Presupuesto con lo justo; y perdió un Capítulo clave que lo dejó groggy por unos días.
La sanción de la Ley en el Senado tuvo un apoyo mucho mayor en términos porcentuales, cuando se esperaba que fuera la Cámara más áspera para el Gobierno. Claro, otro hubiera sido el resultado si el Gobierno hubiera insistido con derogar las dos leyes incluidas en el difunto Capítulo XI, que habían sido antes aprobadas e insistidas por 180 votos en Diputados, o continuar con la bravuconada de vetar el Presupuesto como amenazó hacer durante un par de días.
Los festejos del oficialismo posteriores a la aprobación del Senado parecen verificar la máxima de Vladimir Lenin sobre que a veces hay que dar dos pasos atrás para dar uno adelante. Es probable que la reflexión del gobierno haya estado más inspirada en lo que le reclaman ahora los EEUU y el FMI que en un libro del líder bolchevique publicado hace más de un siglo. “No hay nada mejor que un buen susto para despertar a un mamao”, dirían en mi pueblo. Veremos cuanto les dura la sensatez.
Balance y perspectivas: Cerrado el segundo año legislativo, considero que el gobierno debería reflexionar, contar los porotos reales del Congreso, sin confiar tanto en las fuerzas divinas o en un eventual tweet del Tesoro norteamericano que lo salve al borde del KO, y construir un consenso más amplio sin necesidad de renunciar a sus postulados principales. A mi juicio, considero que la etapa del ajuste está terminada y el mejor modo de construir ese consenso es hacerlo en torno al impulso del desarrollo argentino. Ningún plan de estabilización termina bien si la economía no crece.





