El Tribunal Oral Federal N° 6 condenó este miércoles a Fernando Sabag Montiel a 10 años de prisión por el intento de asesinato de la entonces vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, ocurrido el 1° de septiembre de 2022, y le sumó 4 años más por tenencia de material de abuso infantil, lo que unifica su pena en 14 años de prisión efectiva.
Por su parte, Brenda Uliarte, exnovia de Sabag Montiel, recibió 8 años de prisión, mientras que Nicolás Gabriel Carrizo, señalado como jefe de la denominada banda “Los Copitos”, fue absuelto tras pasar tres años detenido sin acusación formal.
Los jueces Sabrina Namer, Adrián Grünberg e Ignacio Fornari dieron a conocer el veredicto en los tribunales de Comodoro Py, luego de un proceso iniciado en junio de 2024 que incluyó la declaración de 157 testigos. Los fundamentos del fallo se conocerán el 9 de diciembre.
El desarrollo del juicio
Durante los alegatos, la querella encabezada por los abogados de la expresidenta había pedido una condena de 15 años de prisión para Sabag Montiel y Uliarte por tentativa de homicidio agravado, mientras que la Fiscalía sostuvo que el ataque fue un intento de homicidio triplemente agravado por violencia de género política y uso de arma de fuego.
Sabag Montiel utilizó sus últimas palabras para defender al diputado del PRO Gerardo Milman, acusado de ser uno de los posibles instigadores del atentado. “Echarle la culpa a un perejil como Milman me parece una injusticia”, dijo, insistiendo en que “la causa fue armada” y que “le plantaron el arma”.
La jueza Namer lo interrumpió, recordándole que las referencias a otras causas judiciales eran improcedentes. Brenda Uliarte, en cambio, optó por guardar silencio, mientras que Carrizo criticó haber pasado tres años preso antes de ser liberado.
El atentado
El ataque contra Cristina Kirchner ocurrió la noche del 1° de septiembre de 2022, frente a su domicilio de Juncal y Uruguay, en el barrio de Recoleta. Mientras saludaba a simpatizantes y firmaba libros, Sabag Montiel le apuntó a centímetros del rostro con una pistola Bersa calibre .22 y gatilló, aunque la bala no salió por no estar en la recámara.
La rápida reacción de los militantes presentes permitió reducir al agresor y entregarlo a la policía, evitando lo que pudo haber sido el primer magnicidio de la historia democrática argentina.





