En un hecho histórico para la lucha contra el cambio climático, más de 50 países —junto con la Unión Europea— lanzaron oficialmente el Fondo Rainforests Forever, una iniciativa destinada a garantizar financiamiento permanente y a gran escala para la conservación de los bosques tropicales.
El anuncio se realizó este 6 de noviembre en Belém, Brasil, en el marco de la Cumbre de Líderes de la COP30 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, con la presencia de representantes de América, Europa, África y Asia.
Un compromiso global con los pulmones del planeta
Entre los firmantes se encuentran Alemania, Brasil, China, Francia, México, Canadá, Indonesia, Sudán del Sur, Noruega, Ghana y Portugal, además de varios países latinoamericanos como Colombia, Perú, Bolivia, Ecuador y Costa Rica. Todos coincidieron en un mismo objetivo: garantizar que las selvas tropicales valgan más en pie que destruidas.
Los gobiernos destacaron que los bosques tropicales son esenciales para la vida en la Tierra, ya que regulan el clima, protegen los suelos y el agua dulce, y albergan la mayor biodiversidad terrestre del planeta. También subrayaron su importancia económica y social, al proporcionar empleo, alimentos y medios de subsistencia a millones de personas, especialmente a las comunidades locales e indígenas, reconocidas como guardianes naturales de estos ecosistemas.
Una nueva arquitectura financiera verde
El Fondo Rainforests Forever propone un mecanismo de financiación combinada, que busca movilizar tanto capital público como privado. Este esquema se basará en resultados concretos: los recursos se asignarán a países que demuestren avances en conservación, restauración y uso sostenible de los bosques tropicales.
El objetivo es generar financiamiento predecible y permanente, evitando la dependencia de donaciones puntuales y fortaleciendo la acción climática a largo plazo.

Belém, símbolo del compromiso ambiental
La elección de Belém, en plena selva amazónica, como sede del lanzamiento no fue casual. Representa un mensaje potente: el epicentro de la biodiversidad global se convierte también en el corazón del nuevo pacto por la naturaleza.





