Estados Unidos anunció la captura de un nuevo buque petrolero vinculado a Venezuela en una operación llevada a cabo antes del amanecer por fuerzas de la Fuerza de Tarea Conjunta Southern Spear, en apoyo del Departamento de Seguridad Nacional. La acción se realizó desde el portaaviones USS Gerald R. Ford y fue descrita por autoridades norteamericanas como parte de una campaña más amplia para poner fin al comercio ilegal de petróleo venezolano y reforzar la seguridad en el hemisferio occidental.
Según el comunicado oficial, infantes de marina y marineros zarparon del USS Gerald R. Ford y abordaron sin incidentes el petrolero —identificado en este caso como parte de una serie de interceptaciones en el Caribe— para detenerlo y asegurar el control de la embarcación. El operativo contó con el respaldo de otras unidades navales como el USS Iwo Jima, el USS San Antonio y el USS Fort Lauderdale, filas listas para intervenir si fuese necesario.
El gobierno de Estados Unidos sostiene que estas incautaciones responden a sanciones vigentes contra buques que operan fuera de la legalidad o transportan crudo que desafía la cuarentena y las restricciones impuestas al comercio petrolero venezolano. Por medio de estos operativos, el Ejecutivo estadounidense asegura que “el único petróleo que saldrá de Venezuela será el que se coordine de forma adecuada y legal” y que la acción busca cortar rutas de financiamiento de actividades ilícitas.
Presión estratégica en el Caribe y tensión regional
La incautación se produce en medio de una presión militar sostenida de Estados Unidos en aguas del Caribe, conocida como Operación Southern Spear, que combina unidades de la Marina, la Guardia Costera y fuerzas de seguridad para interceptar embarcaciones sospechadas de violar sanciones económicas. Las autoridades estadounidenses han remarcado que se están aplicando medidas en coordinación con múltiples agencias para “defender la patria y restaurar la seguridad regional”.
Esta acción se suma a una serie de capturas de buques en las últimas semanas, parte de una campaña que ha intensificado el control sobre la exportación y el tránsito de crudo venezolano, especialmente tras un endurecimiento de las sanciones durante la administración de Donald Trump. Cada vez más embarcaciones consideradas parte de una “flota fantasma” —vinculadas al comercio de petróleo sancionado desde Venezuela o países aliados— están siendo interceptadas y puestas bajo custodia estadounidense en mar abierto.





