‘’Lo personal es político’’ rezaba el feminismo en 1960, sosteniendo que ‘las experiencias personales de las mujeres, como sus relaciones, sus cuerpos, y sus vidas domésticas, no son asuntos privados, sino que están intrínsecamente conectados a estructuras de poder más amplias y a sistemas de opresión patriarcal’’.
La reciente polémica entre el diseñador Miguel Adrover y la cantante española Rosalia, vuelve a poner en debate sobre que rol deben tomar los artistas ante conflictos bélicos de gran impacto social, como es el actual caso de Israel-Palestina.
Repasemos: El realista de la moda negó públicamente vestir a la cantante por no pronunciarse ante el genocidio de Gaza, sabiendo que si lo ha hecho en anteriores problemáticas, y alegando que su plataforma contiene una gran difusión para visibilizar la masacre perpetrada por Israel. ‘’El silencio es complicidad’’ fue la frase que Adrover usó para hacerle la cruz a la interprete, pese a su admiración.
Días después Rosalía emite un muy tibio comunicado en respuesta al diseñador, llevándose todo el foco de controversias por la falta de claridad en sus palabras.
Desde la BDS advierten que ‘’denunciar las injusticias y tomar partido puede tener consecuencias, especialmente en un sector cultural tan ligado a subvenciones públicas y patrocinadores privados que mantienen vínculos con Israel”, refiriendose al KKR, fondo proisraeli con el cual se han financiado muchos festivales musicales con un monton de cantantes en contra.
En tiempos donde la barbarie es televisada y viralizada en tiempo real, el silencio —especialmente desde figuras públicas con plataformas masivas— no es neutralidad, es posicionamiento. Callar frente a una masacre, mientras se alzan voces selectivas en otras causas, deja en evidencia que la ética muchas veces se rinde ante la comodidad del mercado.
“No veo como avergonzarnos los unos a los otros sea la mejor manera de seguir adelante en la lucha por la libertad de Palestina. Creo que el señalamiento debería direccionarse hacia arriba (hacía quienes deciden y tienen poder de acción)…” señala la cantante como argumento, expresando una clara ambigüedad en su postura.
El arte no debería ser un refugio del conflicto, sino una trinchera de sensibilidad política. Porque cuando las balas no callan, el silencio de los ídolos retumba más fuerte que cualquier pronunciamiento.





