El crecimiento acelerado de las importaciones en Argentina está generando señales de alarma en el sector productivo. Un reciente informe de Sistémica advierte que, a pesar de la mejora cambiaria inicial del Gobierno, la sobrevaluación del peso y la apertura comercial desregulada están desplazando producción local y afectando el empleo.
Desde la consultora recuerdan que la cuenta corriente externa es el punto más sensible del programa económico oficial, y ya obligó a recurrir a dos asistencias externas: del FMI y del Tesoro de Estados Unidos.
Un boom importador en plena recesión
Según el análisis, las importaciones de bienes alcanzaron USD 64.640 millones, un 29% más que en igual período del año anterior, con un promedio mensual cercano a los USD 6.500 millones y picos superiores a los USD 7.000 millones en los últimos meses.
Lo más preocupante es que este incremento se da sin expansión económica: tras una caída del PIB del 2,8% en 2024, varios sectores continúan en recesión.
Es decir, lo importado reemplaza directamente producción local.
Además:
- En cantidades, las importaciones ya superan en 6% el récord de 2017
- Inclusión de servicios eleva el total importado al 30% del PIB, máximo de la serie
- Las importaciones de bienes de consumo superarán los USD 10.000 millones, proporción solo vista al final de la Convertibilidad
Todo esto ocurre sin una suba equivalente en exportaciones industriales. Las ventas externas de manufacturas llevan años estancadas.
Riesgo de desindustrialización silenciosa
El tipo de cambio atrasado funciona como:
- Subsidio a lo importado
- Impuesto a lo exportado
La industria nacional, especialmente metalurgia y bienes de capital, muestra señales de sustitución adversa: importaciones que ocupan el lugar de proveedores locales.
El tejido productivo pierde densidad y se destruye empleo calificado.
¿Un déjà vu de los años 90?
El escenario actual remite a la política de apertura indiscriminada de aquella década:
“La mejor política industrial es no tenerla”
La diferencia es que hoy existe un actor dominante: China, con bienes de consumo y tecnología a precios subsidiados, lo que profundiza el desafío competitivo.
Incluso voces del sector empresarial, como Paolo Rocca, reclaman un cambio de enfoque: el mundo entero está aplicando políticas industriales activas para defender producción y empleo.
¿Qué rumbo se necesita?
El informe subraya que no alcanza con depender del boom exportador de minería y energía:
- El RIGI por sí solo no garantiza derrame productivo
- La industria necesita reglas de equidad y protección inteligente
- Se requieren incentivos a la inversión, tecnología y sustitución de importaciones sensibles
Sin una estrategia industrial, la economía corre el riesgo de volver a un esquema primarizado y dependiente del exterior.
El debate ya está instalado: ¿cómo evitar que el crecimiento de un sector expulse a los demás?
El desafío pasa por equilibrar apertura y desarrollo local, para que la integración al mundo no vuelva a costar producción, empleo y futuro productivo.







