En vida, desde que era cura, luego arzobispo y finalmente Papa, Francisco fue un hincha más de San Lorenzo de Almagro, cuadro al que recordó siempre.
En 2014, cuando el cuervo levantó la primera y única Libertadores de su historia, Francisco recibió y bendijo al plantel, que le llevó el trofeo para que lo levante con ellos.
El Papa, además, se hizo socio en 2008 y mantenía su cuota al día.
No veía los partidos por una costumbre de apenas consumir televisión, pero un empleado de la guardia suiza le daba informes sobre los partidos.
Allegados y periodistas, además de personalidades con las que se reunía, coinciden en que mantuvo la jerga futbolera.
Y San Lorenzo, no podía ser de otra manera, le dedicó también una despedida.





