En el clásico disputado este último domingo, con victoria de River ante Boca por 2 a 1 en el Monumental, todas las críticas apuntan de manera despiadada hacia Fernando Gago. Esta situación abre un interrogante fundamental: ¿por qué el entrenador xeneize sigue cometiendo los mismos errores de forma reiterada en diferentes equipos a lo largo de su corta carrera como entrenador?
El historial es claro. Los tropiezos comenzaron en Aldosivi cuando el club descendió bajo su dirección. Continuaron en Racing Club, particularmente en aquella recordada final frente a River, donde se paralizó y no pudo definir desde el banco quién debía ejecutar el penal que finalmente erró Galván. En México, al frente de Chivas de Guadalajara, perdió cada clásico y cada partido determinante. Y ahora, su patrón se repite en Boca: cayó en el partido decisivo por Copa Argentina en Vélez, cometió errores en la clasificación contra Alianza Lima por Copa Libertadores, y acaba de perder el Superclásico ante River Plate.
¿Qué le sucede a Gago en los momentos decisivos? El concepto de “miedo escénico”, al que Jorge Valdano hizo referencia tomando ideas de Gabriel García Márquez, podría explicarlo. Este fenómeno se define como un trastorno de ansiedad caracterizado por un miedo incontrolable al situarse frente al público, bloqueando e impidiendo el despliegue de las capacidades naturales.
Valdano relacionó este concepto con su propia experiencia en el fútbol, explicando cómo los futbolistas deben mostrar su disertación corporal, ágil y veloz, llena de obstáculos, ante un público difícil de contentar, incluyendo a los periodistas que “multiplican el número de espectadores y, en consecuencia, son en sí mismos una importante fuente engendradora de miedos”.
Este miedo escénico parece manifestarse en Fernando Gago, tanto en su etapa como jugador -cuando se lesionaba en situaciones límite-, como ahora en su rol de entrenador. Cada vez que debe afrontar un compromiso determinante, toma decisiones que evidencian que no puede pensar con claridad, dominado por el temor a perder.
Este patrón lo lleva a cambiar esquemas tácticos completos en momentos críticos, a pesar de haber recorrido un camino diferente en partidos previos. Lo impulsa a alinear jugadores que no venían participando y a realizar modificaciones inesperadas. Además, tras las derrotas, el miedo escénico parece conducirlo a crear una realidad paralela en las conferencias de prensa, intentando explicar lo inexplicable.
Si bien este Superclásico no definió ninguna clasificación ni eliminación, deja a Gago en una situación muy delicada y sin margen de error. Para el técnico de Boca ya no queda otra alternativa que salir campeón, dar una vuelta olímpica y así saldar las deudas que tiene con su pasado como entrenador, demostrando que está capacitado para dirigir a una institución tan grande como Boca Juniors.
La pregunta final que surge es qué debería hacer Gago. ¿Debería pedir ayuda a los dirigentes? ¿A su cuerpo técnico? ¿Al consejo de fútbol? ¿A los propios jugadores? Pero quizás el interrogante más relevante sea: ¿está Fernando Gago dispuesto a dejarse ayudar? La historia en los próximos partidos nos dará la respuesta.







