Hay dolores que no se arreglan con una respuesta.
Ni con una frase linda.
Ni con un cierre lógico.
Y eso no significa que no estés avanzando.
Solo que hay procesos que, en lugar de resolverse, se habitan.
A veces el cuerpo solo necesita presencia
Enseguida que aparece una emoción incómoda, nos sale el impulso de resolver:
¿Qué tengo que hacer con esto? ¿Cómo lo cambio? ¿Dónde está la salida?
Pero algunas experiencias no son un problema a resolver, sino una vivencia a transitar.
Y en ese tránsito, no necesitás hacer más. Necesitás estar más.
Estar más con vos.
Con tus emociones.
Con tu historia.
Sin correr. Sin forzar respuestas que todavía no están listas.
La incomodidad también tiene algo para decir
Es un llamado. Un mensaje. A veces, una forma de limpiar o reacomodar lo que no tenía lugar.
Si lo tapamos rápido, perdemos la oportunidad de comprenderlo en profundidad.
Entonces, la próxima vez que sientas que algo duele y no sabés qué hacer, quizás podés preguntarte:
- ¿Qué me está diciendo esto?
- ¿Puedo darme permiso para no resolverlo ya?
- ¿Qué necesito para estar conmigo mientras lo atravieso?
No estás estancado. Estás procesando.
Y procesar lleva tiempo, silencio, y mucho amor disponible.
Nos leemos pronto,
Vicky Fiorenzi
Consultora Psicológica
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