Mientras la Argentina endurece su posición frente a la explotación de hidrocarburos en las Islas, el sector pesquero advierte que Gran Bretaña ya extrae cientos de miles de toneladas de recursos del Atlántico Sur y obtiene unos USD 53 millones anuales por permisos.
La ofensiva del Gobierno argentino contra la explotación unilateral de recursos naturales en las Islas Malvinas abrió una discusión que excede al petróleo. La industria pesquera respaldó el endurecimiento de la posición oficial, pero reclamó que la nueva estrategia también contemple la actividad que desde hace décadas se desarrolla sobre los recursos vivos del Atlántico Sur.
El planteo tiene un argumento central: mientras la explotación de hidrocarburos todavía aparece como un escenario futuro, la extracción pesquera ya se produce a gran escala. Según un relevamiento de la Fundación Latinoamericana de Sostenibilidad Pesquera (FULASP), durante 2024 se capturaron 261.903 toneladas en aguas bajo administración británica. De ese volumen, 146.689 toneladas fueron de calamar Illex argentinus.
Un negocio de millones de dólares

El sistema de licencias pesqueras implementado alrededor de las Islas representa además una fuente de ingresos de gran importancia para las autoridades británicas. El informe estima en aproximadamente 39 millones de libras esterlinas anuales (equivalentes a unos USD 52,7 millones) los ingresos provenientes de los permisos de pesca, en una actividad considerada el principal sostén económico de las Islas.
La dimensión de la operatoria también se refleja en la cantidad de embarcaciones. Durante una temporada normal trabajan entre 100 y 120 buques con licencia activa, mientras que, en los períodos de mayor concentración, particularmente durante las temporadas de calamar, pueden operar simultáneamente más de 130 barcos.
Para FULASP, la diferencia con el petróleo resulta determinante.
“El petróleo está debajo del mar y los peces están dentro del mar. Los dos son recursos naturales y forman parte de una misma discusión de soberanía. La diferencia es que hoy estamos intentando impedir una explotación petrolera futura mientras nuestros recursos pesqueros se explotan desde hace décadas”, afirmó su presidente, Raúl Cereseto.
¿Y las consecuencias ambientales?
El reclamo también tiene una dimensión ambiental y biológica. Las principales especies explotadas en la región no permanecen dentro de una única jurisdicción: se desplazan entre la Zona Económica Exclusiva argentina, alta mar y las aguas administradas por el Reino Unido.
Entre esos recursos aparecen la merluza común, el calamar Illex, la polaca, la merluza de cola y el bacalao de profundidad. La Fundación advierte que esa característica migratoria hace que una explotación intensiva en torno a las Islas pueda generar consecuencias sobre un ecosistema que excede los límites de las aguas administradas por el Reino Unido.
A esto se suma otro factor señalado en el informe: algunas embarcaciones que operan bajo licencias británicas desarrollan posteriormente actividad sobre el borde exterior de la Zona Económica Exclusiva argentina, aumentando la presión sobre los mismos recursos migratorios.

El reclamo del sector coincide con una política de mayor fiscalización dentro de las aguas argentinas. Según el informe, durante 2026 el Gobierno nacional sancionó a cinco buques extranjeros por infracciones vinculadas con operaciones pesqueras dentro de la Zona Económica Exclusiva: Farruco, Bao Feng, Bao Win, Coimbra y Hai Xiang 2.
Desde FULASP consideran que esos procedimientos demuestran que la Argentina dispone de herramientas tecnológicas, jurídicas y operativas para detectar y sancionar actividades ilegales. El objetivo ahora es trasladar esa capacidad a una estrategia específica sobre los recursos pesqueros relacionados con la cuestión Malvinas.
La otra batalla por Malvinas: la pesca
La propuesta no apunta a enfrentar la pesca con el petróleo, sino a incluir ambos recursos dentro de una misma política de defensa de los intereses argentinos. El planteo contempla avanzar con herramientas diplomáticas, jurídicas y comerciales frente a las actividades vinculadas con los recursos migratorios de importancia estratégica para el país.
“No pedimos cambiar la dirección de la política argentina; pedimos ampliarla. Si el principio es que nadie puede explotar unilateralmente nuestros recursos naturales en Malvinas, entonces ese principio debe valer para todos los recursos”, sostuvo Cereseto.
La discusión, de esta manera, vuelve a poner al Atlántico Sur en el centro de la cuestión Malvinas. Para el sector pesquero, la soberanía no se limita al territorio de las Islas: también involucra los espacios marítimos, la biodiversidad y los recursos que allí se encuentran.
El desafío que plantea la industria es que la nueva estrategia anunciada por el Gobierno no se concentre exclusivamente en una eventual explotación petrolera y contemple también una actividad que ya genera capturas por cientos de miles de toneladas, moviliza más de un centenar de barcos y representa millones de libras en permisos cada año.
¿Qué especies viven en las cercanías de Malvinas?
De acuerdo con un estudio elaborado por el INIDEP:
La merluza común (Merluccius hubbsi) es una especie de aguas templado-frías, que durante el día vive en aguas profundas cercanas al fondo y durante la noche asciende a las capas superiores del mar para alimentarse. Tiene un ciclo de vida de entre 9 (los machos) y 11 años (las hembras).
Para su captura se utiliza la red de arrastre, que trabaja apoyada sobre el fondo del mar y es remolcada por embarcaciones medianas y grandes que operan en altamar, del tipo de fresqueras de altura y congeladoras.
Junto con el calamar y el langostino, forma parte de las especies más representativas de la pesca comercial argentina. Se exporta a Brasil, España, Ucrania, Italia y Estados Unidos; y se comercializa principalmente entera, y fileteada con o sin piel, según datos surgidos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (SAGyP).
La merluza de cola (Macruronus magellanicus), en tanto, es un recurso íctico clave en la región austral del Mar Argentino, que vive en la corriente de Malvinas. Se encuentra desde zonas costeras hasta la plataforma externa y el talud continental, con mayor abundancia al sur de los 45°S. Llega a medir unos 117 cm y, luego de ser capturado, es procesado a bordo por buques congeladores y surimeros.

“La joya” del Mar Argentino
Por su parte, el bacalao de profundidad (Dissostichus eleginoides), mundialmente conocido en el sector culinario y comercial como merluza negra, es una de las joyas más cotizadas y exclusivas del Mar Argentino.
Es considerado el “gigante de las aguas gélidas” —puede superar los 2,5 metros de longitud y alcanzar un peso de hasta 200 kg— y se destaca por sus singulares adaptaciones biológicas y su altísimo valor gastronómico.
Vive en el talud continental e islas subantárticas y tiene un desarrollo muy lento, lo que lo vuelve sumamente vulnerable a la sobreexplotación. Alcanza su madurez sexual recién entre los 8 y 12 años y puede vivir más de 50 años.
Es considerado un producto gourmet (“el oro blanco” del mar) debido a su carne blanca, firme, con pocas espinas y un sutil sabor mantecoso. Además, es sumamente rico en ácidos grasos Omega-3 y vitaminas de los grupos B y D.

En tanto, el calamar Illex tiene dos particularidades poco conocidas:
1. Durante la noche asciende a media agua y durante el día desciende a niveles cercanos al fondo del mar. Su tamaño promedio es de 40 cm (sin considerar la cabeza ni los tentáculos) y su peso, 1,3 kg. Se alimenta de pequeños crustáceos y peces, a los que rodea con sus tentáculos y devora con su “pico”.
2. Su vida es efímera: no más de un año.
El método de captura de esta especie es a través de buques poteros, que utilizan líneas de anzuelos especiales lanzados al mar durante la noche, atrayendo a los calamares mediante la luz generada por potentes lámparas instaladas en la cubierta.
Se exporta a China, España, Japón y Estados Unidos, y se lo comercializa entero, en tubo, anillas (rabas), tentáculos y aletas.




