La industria vitivinícola local pierde terreno: menos exportaciones, menor cuota y una competitividad que no alcanza
El vino argentino pierde terreno
Las exportaciones de vino argentino atraviesan un escenario complejo, marcado por una combinación de menor demanda internacional y pérdida de participación del país en el comercio global. En Mendoza, uno de los principales polos vitivinícolas, las ventas externas de vinos varietales fraccionados —entre ellos el Malbec— acumulan una caída significativa: durante el primer semestre de 2026 se exportó un 36% menos de volumen que en el mismo período de 2010, mientras que el precio real obtenido se ubicó 7% por debajo de aquel año.
El diagnóstico surge de un informe elaborado por Gustavo Reyes y Jorge Day, del Instituto de Estudios Económicos sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de Fundación Mediterránea, que analiza la evolución de las exportaciones vitivinícolas argentinas y sus principales factores explicativos.
El recorrido de las últimas dos décadas muestra dos etapas claramente diferenciadas. Primero hubo un fuerte crecimiento de las exportaciones mendocinas, que alcanzaron sus máximos niveles a comienzos de la década pasada. Luego llegó un período de estancamiento y, posteriormente, una caída que también alcanzó a los vinos varietales fraccionados. Según el informe, el principal deterioro se explica por los menores volúmenes vendidos, más que por el precio.
La evolución reciente introduce, sin embargo, un dato positivo: durante el primer semestre de 2026, las exportaciones argentinas de vino crecieron 14% en volumen, pero apenas 3% en valor, debido a una reducción cercana al 10% en el precio promedio. Parte del aumento estuvo vinculado al mayor dinamismo de los vinos a granel, por lo que vender más litros no significó una recuperación equivalente de los ingresos exportadores.
El mercado mundial, en retroceso

El contexto internacional tampoco ayuda. El consumo mundial de vino, después de crecer durante buena parte de las décadas de 1990 y 2000, comenzó a retroceder en los últimos años. Pasó de unos 244 millones de hectolitros en 2017 a aproximadamente 208 millones en 2025, lo que representa una contracción del 15%. Las importaciones internacionales, aunque prácticamente se duplicaron en las últimas dos décadas, también mostraron una caída en los últimos tres años.
China aparece como uno de los principales factores detrás de la contracción del consumo. El informe destaca que la caída en ese mercado fue particularmente pronunciada: sin considerar a China, el consumo mundial se habría reducido un 10% en el período analizado, en lugar del 15% registrado globalmente. El dato muestra hasta qué punto los cambios en algunos grandes mercados pueden modificar el escenario para los países exportadores.
Pero el retroceso argentino no puede atribuirse solamente a que el mundo consume menos vino. La participación del país en las exportaciones mundiales también cayó de manera marcada. Argentina pasó de representar alrededor del 1,3% a comienzos de siglo a alcanzar un máximo cercano al 4,7% hacia fines de la década de 2000, pero desde entonces inició una tendencia descendente y llegó a aproximadamente 2,1% en 2025.
Dos mercados, dos realidades
La situación se observa con claridad en dos mercados estratégicos: Estados Unidos y Brasil. En el primero, las importaciones de vinos fraccionados se redujeron 32% en once años y, simultáneamente, la participación argentina cayó desde un máximo de 8,2% hasta 3,7% en 2026. En Brasil ocurrió algo diferente: las importaciones crecieron con fuerza, pero Argentina no logró acompañar plenamente esa expansión y su cuota pasó de alrededor del 26% a mediados de los 2000 a 19% en 2026.
El tipo de cambio aparece como otro componente relevante. Después de la salida de la Convertibilidad, el encarecimiento del dólar en términos reales coincidió con una fuerte mejora de la participación argentina en el mercado mundial del vino. Con el posterior deterioro de esa ventaja cambiaria, el país comenzó a perder terreno. En julio de 2026, el tipo de cambio real oficial se ubicaba en torno a $1.537 a precios de ese mes, por debajo de los niveles de competitividad cambiaria registrados después de 2002.
El mundo los prefiere rosados

Sin embargo, el informe de la Fundación Mediterránea advierte que el dólar no explica todo. Un tipo de cambio real menos favorable implica mayores costos en dólares, pero además pesan factores como los costos laborales, la logística y otros gastos asociados a la actividad vitivinícola. A esto se suma un cambio en los gustos de los consumidores internacionales, con una mayor preferencia por blancos, rosados, vinos más frescos, de menor graduación alcohólica y nuevos formatos, mientras algunos tintos tradicionales de precio medio enfrentan una demanda más débil.
Por eso, la recuperación del sector enfrenta un desafío doble: responder a un mercado mundial menos dinámico y, al mismo tiempo, recuperar la participación perdida. El informe señala que la competitividad depende no sólo del tipo de cambio, sino también de los costos internos, la logística, la estrategia comercial y la capacidad de adaptar la oferta a las nuevas condiciones de la demanda.
En este escenario, Brasil aparece como una oportunidad prioritaria, porque se trata de un mercado que continúa creciendo y donde el principal problema argentino es la pérdida de participación, mientras que Estados Unidos plantea una estrategia diferente: al tratarse de un mercado que se achica, el objetivo pasa por defender la cuota alcanzada. Para las bodegas exportadoras, el desafío será combinar una mejora de competitividad con una estrategia comercial más ajustada a cada destino y a los cambios en las preferencias de los consumidores.





