Desde agosto, quien combina tren y subte para entrar a la Ciudad de Buenos Aires paga el boleto de subte completo: $1.684, en lugar de la mitad, que era el precio con el descuento de integración que regía hasta julio. La Red SUBE eliminó ese 50% de bonificación en el segundo tramo del viaje, pero solo cuando ese tramo empieza en tren. Si la combinación es subte con subte, o subte con alguna de las 27 líneas de colectivos ya transferidas a la Ciudad, el descuento sigue intacto.
La diferencia no es un matiz técnico: es plata real, todos los días, para quien vive en el conurbano y entra a trabajar o estudiar a la Capital. Un empleado que toma el Sarmiento en Moreno o el Roca en Quilmes y después baja al subte pasó, de un mes a otro, a pagar más del doble de lo que pagaba en ese segundo tramo, sin que mediara aviso previo ni comunicado conjunto entre los organismos involucrados.
Lo más llamativo de la medida: no la decisión en sí, los subsidios al transporte vienen recortándose hace tiempo, sino cómo se aplicó. Durante los primeros días de agosto, la propia SBASE no había actualizado su información oficial, mientras el cambio ya se cobraba en los molinetes. El resultado fue previsible: pasajeros que pasaban la SUBE esperando ver descontada la mitad del pasaje, como todos los días anteriores, y se encontraban con el precio completo sin ninguna explicación a la vista.
El trasfondo es, otra vez, la pulseada entre Nación y Ciudad por quién financia las combinaciones interjurisdiccionales. Desde el Gobierno porteño sostienen que la Nación dejó de cubrir ese costo desde octubre de 2024 y que mantenerlo con fondos propios se volvió insostenible. Desde la Secretaría de Transporte responden que ellos sostienen la Red SUBE en lo que es estrictamente su jurisdicción: colectivos nacionales y trenes del AMBA. Ninguna de las dos partes se hizo cargo de avisarle al usuario antes de que se enterara pagando de más.
Lo de fondo, más allá del recorte puntual, es un problema que se repite cada vez que el Estado toca una tarifa: la información llega después del hecho; y el que paga esa demora no es ningún funcionario, sino el que se sube al tren todas las mañanas.




