La licitación para adjudicar el nuevo Sistema de Estacionamiento Medido (SEM) de Paraná atraviesa uno de sus momentos más delicados. Mientras la Municipalidad avanza con la evaluación de las ofertas, la Comisión Evaluadora resolvió rechazar todas las impugnaciones presentadas contra Electromecánica Tacuar S.R.L., una decisión que mantiene a la empresa en competencia pese a los numerosos cuestionamientos formulados sobre distintos aspectos de su propuesta.
La resolución adquiere una dimensión mayor si se considera que Tacuar llega al proceso con antecedentes que, en diferentes ciudades donde presta el servicio de estacionamiento medido, han sido objeto de reclamos públicos, pedidos de informes y controversias políticas.
En Paraná, las observaciones presentadas contra la oferta de la empresa no se limitaron a cuestiones accesorias. Los planteos alcanzaron antecedentes específicos en la prestación del servicio, documentación societaria, facultades de representación, cumplimiento de requisitos formales del pliego, garantías exigidas, programas de capacitación, planes de señalización y diversos componentes de la propuesta técnica. Se trata de aspectos que habitualmente forman parte del análisis de solvencia técnica, jurídica y operativa de cualquier concesionario que aspire a administrar un servicio público de alcance masivo.
Sin embargo, la intendencia concluyó que ninguno de esos cuestionamientos constituía una causal suficiente para declarar inadmisible la oferta y decidió diferir su análisis para la etapa de evaluación integral. En los hechos, la consecuencia fue que Tacuar continúa en carrera por uno de los contratos más relevantes que actualmente impulsa la Municipalidad.
La decisión reavivó el debate sobre cuáles son los estándares de exigencia que efectivamente se aplican durante el proceso licitatorio. Si observaciones vinculadas con antecedentes, documentación respaldatoria, planificación operativa y cumplimiento de exigencias técnicas no producen efectos sobre la admisibilidad de una oferta, inevitablemente surge el interrogante acerca de qué tipo de incumplimientos serían considerados suficientes para modificar el rumbo de la competencia y la sospechas de si habría un direccionamiento de la licitación.
Ese debate se potencia al analizar el recorrido reciente de Electromecánica Tacuar, empresa dirigida por Diego Caslini y Javier Nescier, que en los últimos años expandió su participación en licitaciones de estacionamiento medido en distintas provincias y que en algunos casos terminaron en denuncias.
Uno de los antecedentes más conocidos corresponde a San Salvador de Jujuy, donde el sistema VIA Parking, operado por Tacuar, fue cuestionado por concejales y organizaciones locales a partir de denuncias por presuntas irregularidades en la implementación del servicio, pedidos de auditoría y reclamos vinculados al funcionamiento del sistema de cobro. El caso derivó en presentaciones judiciales y pedidos de informes públicos que mantuvieron el servicio bajo observación política durante varios meses.
La empresa también desembarcó recientemente en la ciudad de Santa Fe tras obtener la concesión del Sistema de Estacionamiento Ordenado Municipal (SEOM). Allí, el proceso estuvo acompañado por fuertes expectativas respecto de la modernización del servicio, aunque también por cuestionamientos de distintos sectores sobre el esquema de implementación, los controles y el impacto que tendría sobre comerciantes y usuarios.
El expediente deja así una discusión que excede el caso puntual de una empresa. La cuestión de fondo pasa por la solidez de los mecanismos de control aplicados durante la evaluación de ofertas y por el nivel de profundidad con que se analizan antecedentes, documentación y capacidad técnica antes de adjudicar una concesión que tendrá efectos directos sobre la movilidad urbana y la recaudación municipal durante los próximos años.
A los cuestionamientos sobre la oferta se suma otro aspecto vinculado con la capacidad tecnológica de la empresa. De acuerdo con la documentación relevada, Tacuar no opera sobre una plataforma desarrollada íntegramente por la propia compañía, sino que utiliza soluciones tecnológicas provistas por terceros, incluyendo equipamiento y software de origen chino para la gestión del estacionamiento medido. Este esquema plantea interrogantes sobre el nivel de desarrollo tecnológico propio que posee la firma y sobre el grado de dependencia de proveedores externos para la prestación de un servicio cuya continuidad operativa resulta esencial.
La discusión también alcanza el perfil tecnológico del oferente. Algunos cuestionamientos apuntan a que Tacuar sustentaria su propuesta en tecnología de origen chino y en soluciones desarrolladas por terceros, antes que en una plataforma propia. Ese dato instala un debate sobre la verdadera capacidad tecnológica de la empresa para administrar de manera autónoma un sistema que demandará soporte permanente, actualización y respuesta inmediata frente a eventuales fallas.





