El Paris Saint-Germain de Luis Enrique está escribiendo una página dorada en la historia del fútbol mundial. Con una temporada que podría ser catalogada como perfecta, el conjunto parisino se encuentra a un paso de coronarse campeón del primer Mundial de Clubes en su formato expandido, tras golear 4-0 al Real Madrid en las semifinales del torneo.
El técnico español ha logrado lo que parecía imposible: crear un equipo que trasciende las individualidades para convertirse en una máquina colectiva imparable. Sin contar con las estrellas que marcaron la era anterior —Mbappé, Neymar y Messi—, Luis Enrique apostó por un proyecto donde lo colectivo se impone sobre las figuras individuales.
Se podría resumir perfectamente la filosofía de este PSG de esta manera: es un equipo donde todos juegan de volantes, pero ninguno juega de enganche. Que no solo derrota a sus rivales, sino que los humilla con una superioridad futbolística pocas veces vista. El equipo despliega un fútbol sin puestos fijos, donde todos juegan de todo, con una profundidad y presión asfixiante que desarma a cualquier rival.
La temporada del PSG ha sido impecable en todas las competiciones. En el ámbito local, se alzó con su 13° título de la Ligue 1 con una campaña sólida de 26 victorias, 6 empates y solo 2 derrotas, acumulando 84 puntos y manteniendo una ventaja de 24 puntos sobre el segundo clasificado, el Mónaco. También se alzó con la Copa de Francia.
En el plano internacional, el conjunto parisino ha demostrado su jerarquía derrotando a los mejores equipos del mundo. En la Champions League fue indiscutible su superioridad. Enfrentó al Liverpool, el Aston Villa y al West Ham en el cuadro final. Pero antes fue el mejor equipo de la fase de liga. Y en la final arrasó con el Inter en una final que será recordada por mucho tiempo. Ahora en el Mundial de Clubes eliminó al Bayern Munich, el mejor equipo de la Bundesliga, y puso de rodillas al Real Madrid con una exhibición que quedará en la memoria. Antes, en su debut, le dio una paliza al Atlético de Madrid de Simeone.
Ousmane Dembélé emergió como la figura máxima de esta campaña, siendo el goleador de la liga francesa con 21 tantos y acumulando 34 goles en todas las competiciones. Su rendimiento simboliza la transformación del equipo: jugadores que elevan su nivel individual al servicio del colectivo. El propio Luis Enrique dijo que debería ganar el Balón de Oro.
Con la final del Mundial de Clubes ante el Chelsea, el PSG tiene la oportunidad de completar la temporada perfecta. Sin embargo, más allá del resultado, este equipo ya ha logrado algo trascendental: ha demostrado que en un fútbol tan centrado en las estrellas individuales, lo colectivo puede prevalecer.
Luis Enrique no solo alivió el bolsillo del jeque qatarí al prescindir de costosas figuras, sino que ahora le está haciendo disfrutar de la gloria con un equipo que juega a imagen y semejanza de su técnico. Un conjunto que pensó, construyó, edificó y que hoy le dice al mundo que el PSG es un equipo que hace pensar si estamos frente a una de esas escuadras que marcarán a fuego la historia del fútbol, como el Milan de Arrigo Sacchi, el Barcelona de Guardiola o el Real Madrid de Ancelotti. La pregunta ya no es si este PSG puede ser considerado un equipo de época, sino si logrará completar una temporada que ya es, de por sí, histórica.





