Cada 1° de septiembre se celebra el Día del Periodista Agropecuario. La fecha recuerda la publicación que Hipólito Vieytes comenzó a editar en 1802 y que marcó uno de los primeros antecedentes del periodismo especializado. Más de dos siglos después, el oficio enfrenta un escenario atravesado por la velocidad, los prejuicios informativos y la necesidad de explicar una actividad decisiva para la economía y la vida cotidiana del país.
Hablar del periodismo agropecuario argentino es, en buena medida, hablar de los propios orígenes de la prensa nacional. Mucho antes de que existiera la Argentina como Estado, la producción, la agricultura, el comercio y las condiciones de vida en el territorio ya formaban parte de las preocupaciones de quienes comenzaban a utilizar la prensa como herramienta para difundir conocimientos e ideas.
Por eso, cada 1° de septiembre se conmemora en el país el Día del Periodista Agropecuario, una fecha vinculada directamente con Juan Hipólito Vieytes. Ese día de 1802 apareció el primer número del Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, una publicación que durante casi cinco años difundió conocimientos relacionados con la producción y el comercio y que es considerada el origen de esta especialización periodística.
Vieytes no fue solamente un periodista. Fue comerciante, político y un hombre profundamente interesado en la economía y en las posibilidades de desarrollo que ofrecía la agricultura. Su Semanario buscaba transmitir conocimientos y promover una mirada sobre la producción como herramienta de progreso. En ese sentido, la publicación no se limitaba a informar: también pretendía formar, explicar y aportar conocimientos útiles para quienes trabajaban con la tierra.
La elección del 1° de septiembre como día de los periodistas agropecuarios está relacionada justamente con aquel primer ejemplar de 1802. El Semanario de Agricultura, Industria y Comercio continuó publicándose hasta el 11 de febrero de 1807. La figura de Vieytes quedó así asociada a los primeros pasos de una actividad que, con el paso de los siglos, se transformaría junto con las propias formas de producir y de comunicar.
La especialización también se fue consolidando con nuevos medios. Durante el siglo XX aparecieron publicaciones dedicadas específicamente al sector rural, mientras los grandes diarios incorporaron suplementos vinculados con el campo. Revistas como Chacra y Anales formaron parte de ese proceso, en paralelo con la creciente necesidad de contar con información técnica, económica y productiva especializada.
La radio produjo otra transformación decisiva. En 1925, Víctor D’Apice comenzó a transmitir información sobre las cotizaciones de la hacienda desde el Mercado de Liniers. La información de precios, mercados y producción comenzó de ese modo a llegar de manera más directa a los productores, inaugurando una relación entre periodismo agropecuario y radio que se extendería durante décadas.
La organización profesional también tuvo un hito fundamental el 26 de enero de 1956, cuando fue creado el Círculo Argentino de Periodistas Agrarios (CAPA). La institución nació con el objetivo de nuclear a los periodistas especializados, jerarquizar la profesión y fortalecer los vínculos entre quienes cubrían la actividad rural desde distintos puntos del país. En 2026, CAPA cumple 70 años de trayectoria institucional.
A partir de allí, la especialización siguió creciendo. La televisión, primero, y la expansión de la televisión por cable, después, multiplicaron los espacios dedicados al agro. Pero la transformación más profunda llegaría con Internet y, posteriormente, con las redes sociales. Desde la década de 1990 se produjo una proliferación de programas, sitios web y canales especializados, hasta conformar un ecosistema informativo mucho más amplio y diverso que el de las primeras décadas del periodismo rural.
Hoy el periodista agropecuario trabaja en un escenario completamente diferente al de Vieytes, pero enfrenta una responsabilidad que, en esencia, conserva una continuidad: hacer comprensible una realidad compleja. El campo ya no puede ser contado únicamente desde la siembra, la cosecha o el precio de la hacienda. Detrás de cada noticia aparecen cuestiones económicas, ambientales, tecnológicas, sociales, políticas, comerciales y geopolíticas que exceden ampliamente los límites de un establecimiento rural.
Esa complejidad exige especialización. Informar sobre una campaña agrícola implica comprender clima, suelos, tecnología, mercados, costos, logística y decisiones empresariales. Explicar una noticia ganadera requiere conocer desde los ciclos productivos y la sanidad hasta los mercados internacionales. Y abordar una problemática ambiental relacionada con la producción demanda distinguir entre opiniones, evidencia científica, legislación y posiciones de los distintos actores involucrados.
El periodista puede escuchar al productor, a las entidades, a las empresas, a los científicos, a los funcionarios y a las organizaciones ambientales, pero su responsabilidad es conservar la independencia necesaria para preguntar, contrastar y explicar. La especialización no significa perder la mirada crítica: significa contar con mejores herramientas para ejercerla.
Ese desafío se vuelve todavía más importante en la era de las redes sociales. La velocidad con la que circula una información puede ser una ventaja, pero también puede convertirse en un problema cuando la urgencia por publicar desplaza la necesidad de verificar. Un dato incorrecto sobre una cosecha, un precio, una medida oficial, una enfermedad animal, una regulación ambiental o una decisión comercial puede generar consecuencias concretas para productores y empresas.
Hay además una responsabilidad hacia una sociedad que muchas veces observa al campo desde lejos. El periodismo agropecuario funciona como un puente entre el territorio y las ciudades: acerca las historias de productores, trabajadores, empresas y comunidades rurales, pero también explica cómo una decisión tomada en el campo puede repercutir en los alimentos que llegan a la mesa, en las exportaciones, en el empleo, en las economías regionales y en los ingresos del país.
También es necesario que ese puente sea federal. La Argentina no tiene un solo campo ni una única realidad productiva. Hay agricultura extensiva, ganadería, economías regionales, vitivinicultura, fruticultura, horticultura, pesca, forestación, producción láctea y múltiples sistemas que se desarrollan en territorios con características completamente diferentes. Contar esa diversidad es una de las grandes riquezas del periodismo agropecuario y, al mismo tiempo, una de sus mayores responsabilidades.
Más de dos siglos después de aquel primer Semanario, la tecnología cambió casi todo: de la imprenta a la radio, de la radio a la televisión, de la televisión a Internet y de Internet a las redes sociales y las plataformas digitales. Sin embargo, la esencia del oficio permanece. Informar sobre el campo sigue significando acercarse a una realidad que necesita ser conocida, interpretada y explicada.
El Día del Periodista Agropecuario es una oportunidad para reivindicar el valor de la información profesional en un sector estratégico para la Argentina.





