El nuevo mecanismo, bautizado Cobro con Transferencia (CCT), debía entrar en vigencia de manera obligatoria este 31 de agosto. Sin embargo, entidades financieras y plataformas fintech elevaron pedidos formales para postergar su implementación, señalando fallas operativas que todavía no fueron resueltas.
Qué es el Cobro con Transferencia
El CCT es la respuesta del Banco Central a un vacío que existe desde 2022, cuando se dio de baja el Debin recurrente. Funciona, en los hechos, como un débito automático pensado específicamente para el pago de cuotas de préstamos: permite descontar dinero tanto de cuentas bancarias (CBU) como de cuentas virtuales (CVU), sin importar en qué entidad esté alojado el dinero del deudor.
El circuito es simple en el papel. Al simular un préstamo en el home banking o en una billetera, el cliente debe autenticarse ante su entidad para autorizar los débitos futuros. A partir de ahí, el sistema envía hasta tres avisos con 48 horas de diferencia entre cada uno antes de efectivizar el cobro. Todas las cuotas deben mantener el mismo monto, no se admiten cobros retroactivos si hubo un atraso previo y, algo que las entidades destacan como resguardo para el usuario, el mecanismo no puede “barrer” otras cuentas que el cliente tenga en distintos bancos o billeteras.
Por qué piden más tiempo
El malestar no es uniforme. Del lado bancario, la preocupación pasa por el tratamiento de contracargos y fraudes: con una mora en créditos que ronda el 13%, el sector teme quedar expuesto a disputas sin reglas claras de resolución. A eso se suma una lectura de fondo poco disimulada: varias entidades entienden que terminarán financiando, con su infraestructura, el cobro de créditos otorgados por la competencia.
Las billeteras virtuales y fintech, en cambio, plantean reparos más técnicos. Cuestionan que el sistema exija un consentimiento explícito en cada cuota en lugar de automatizar el proceso una vez otorgada la autorización inicial, y advierten que eso puede generar problemas de flujo de efectivo cuando el usuario acredita sus ingresos después de la fecha de vencimiento. También objetan el límite de apenas tres intentos de cobro y remarcan que habían presentado esquemas alternativos de “cobro inteligente” que no fueron tenidos en cuenta.
La comisión fijada para repartir entre los participantes del esquema —0,6%— es otro punto de fricción: se la considera insuficiente para cubrir los costos operativos y el riesgo que asume cada entidad.
Lo que gana y lo que arriesga el usuario
Para quien paga un crédito, el CCT tiene un costado claramente favorable: termina con la dependencia de acordarse de la fecha de vencimiento o de hacer la transferencia a mano, y reduce el riesgo de sumar intereses punitorios o quedar mal calificado por un simple olvido. Los avisos previos y la imposibilidad de que el sistema toque cuentas remuneradas, inversiones o ahorros en dólares y cripto funcionan además como un resguardo pensado para que el débito no se coma otros fondos del usuario. El límite de tres intentos de cobro, que tanto incomoda a bancos y fintech, también juega a favor del cliente: evita el hostigamiento de descuentos reiterados sobre una cuenta con saldo insuficiente. Del lado de los riesgos, el punto más sensible es la exigencia de dar consentimiento explícito en cada cuota: si el usuario no confirma a tiempo o su plata ingresa después de la fecha de corte, puede terminar figurando en mora pese a tener con qué pagar. Y como el esquema todavía no tiene reglas claras sobre contracargos y disputas por fraude, tampoco está del todo definido qué pasa si a alguien le descuentan una cuota por error o por un cobro no reconocido.
Un lanzamiento a media máquina
Con la fecha límite ya encima, el panorama de adopción es dispar. Entre los grandes jugadores, solo una entidad aparece en condiciones de salir a operar el sistema desde el primer día, mientras el resto del mercado sigue a la espera de precisiones técnicas antes de sumarse.
Quedan afuera del alcance del CCT los saldos en cuentas remuneradas, las inversiones, el dólar MEP y las tenencias en criptomonedas, que no podrán ser utilizados como fuente de cobro automático de cuotas.
Con pedidos de prórroga ya presentados en más de una oportunidad y sin una respuesta oficial que despeje el panorama, el sistema financiero encara la implementación de una herramienta pensada para ordenar el cobro de créditos en medio de la incertidumbre sobre cuándo —y en qué condiciones— empezará a funcionar realmente.





