No es que no sepas. Tampoco es que no quieras.
Pero hay algo que te frena: el miedo a equivocarte.
Y no cualquier error: el error visible, el que otros puedan ver, comentar o criticar.
Muchas personas con grandes talentos, con ideas claras y visión, se quedan al borde de la acción por este miedo.
Porque sienten que, si se equivocan, perderán valor. O respeto. O legitimidad.
Esto no tiene que ver con inseguridad en el saber.
Tiene que ver con la presión de tener que demostrar constantemente que se es capaz.
Y en esa lógica, el error no tiene lugar.
No es una posibilidad, es una amenaza.
¿Qué hay detrás de esta relación con el error?
- Experiencias tempranas donde el error era motivo de castigo o humillación.
- Dinámicas familiares o escolares donde “equivocarse” era sinónimo de “ser menos”.
- Contextos laborales donde no hay margen para ensayar ni probar.
- Un modelo de éxito rígido, que no contempla procesos ni aprendizajes.
Cuando se vive con esa presión, cualquier decisión puede sentirse como un salto al vacío.
Y entonces, aparecen la duda constante, la postergación, la parálisis.
¿Qué podés hacer para amigarte con el error?
- Recordá que todo lo que hoy dominás, alguna vez fue un terreno de ensayo.
- Registrá si tu miedo al error viene más de las expectativas externas que de tu propio deseo.
- Buscá espacios de confianza donde puedas probar sin sentir que todo está en juego.
- Dale valor a los procesos, no solo a los resultados. Lo que aprendés en el camino también cuenta.
- Reescribí tu historia con el error: cada paso que diste en tu vida estuvo lleno de pequeñas fallas que te ayudaron a crecer.
No vinimos a ser perfectos.
Vinimos a aprender, compartir y transformarnos en el camino.
Y en ese camino, el error no es el enemigo. Es un maestro.
Nos encontramos en la próxima nota.
Vicky Fiorenzi
Consultora Psicológica
Instagram: @vfcounselor
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