No siempre es evidente, y mucho menos en fechas festivas, donde todo parece invitar al encuentro, a la familia y a “estar bien”. De hecho, muchas veces lo que estás sosteniendo de más se disfraza de tradición, de compromiso o de lo que “debería ser”, y en ese sentido, momentos como Pascuas, Navidad o Año Nuevo no escapan a esta lógica, sino que muchas veces la intensifican.
Porque tal vez te encontrás organizando, resolviendo, estando disponible para todos, cumpliendo roles que asumiste sin cuestionar, o sosteniendo vínculos por inercia, mientras seguís actuando de formas que alguna vez tuvieron sentido… pero hoy ya no tanto. Y entonces, casi sin darte cuenta, te acostumbrás: te acostumbrás a estar para todos, a anticiparte, a no incomodar, a que tu lugar sea el de sostener.
Pero en algún momento algo empieza a pesar, no necesariamente de golpe sino de a poco, y aparece ese cansancio que no termina de explicarse, o cierta irritabilidad en situaciones que antes no te molestaban, o incluso una sensación de estar haciendo mucho… pero sin conexión real con lo que estás viviendo. Y ahí, justamente ahí, hay una señal.
Porque sostener de más no siempre se ve en lo que hacés, sino en cómo lo hacés, y en fechas como estas puede volverse más evidente si te animás a mirarlo con honestidad. Por eso, podés empezar a preguntarte si eso que estás sosteniendo realmente te corresponde, o si lo hacés por elección o por miedo a lo que pasaría si no lo hicieras; también podés preguntarte qué pasaría si soltaras un poco, o hace cuánto no revisás ese rol, ese vínculo o esa forma de estar.
Y es que muchas veces no se sostiene solo una situación, sino una identidad: la que puede con todo, la que no falla, la que está siempre. Entonces soltar no es tan simple, porque no se trata solo de dejar de hacer algo, sino de dejar de ser —en parte— quien aprendiste a ser, y por eso incomoda, cuesta y se posterga… aunque también, por eso mismo, alivia.
Porque cuando empezás a identificar lo que no te corresponde, aparece algo nuevo: un margen, un espacio, una posibilidad de elegir distinto, y en lugar de vivir estas fechas desde la exigencia o el automático, tal vez podés empezar a transitarlas desde un lugar más propio.
No se trata de romper todo ni de tomar decisiones impulsivas, sino de registrar, de correrte un poco, de dejar de naturalizar lo que te desgasta, entendiendo que a veces el primer cambio no es externo sino interno: dejar de justificar, de minimizar, de seguir sosteniendo sin preguntarte por qué… y desde ahí, empezar a construir otra forma de estar, más consciente, más honesta y más alineada con vos.
Nos encontramos en la próxima nota.
Si estás necesitando comenzar un proceso de acompañamiento, de escucha sincera y sin juicio, te dejo mi contacto directo:





