La confirmación de un caso positivo de hantavirus en San Carlos de Bariloche ha generado una inmediata respuesta del sistema de salud pública tras la internación de un hombre de cuarenta y cinco años en el Hospital Ramón Carrillo.
El paciente, que presentó un cuadro inicial de fiebre alta, dolores musculares y trastornos gastrointestinales, se encuentra actualmente bajo cuidados intensivos debido a la progresión de síntomas respiratorios que caracterizan la fase más compleja de la enfermedad.
La situación ha cobrado especial relevancia para las autoridades sanitarias no solo por la gravedad del estado clínico del hombre, sino por la incertidumbre que rodea el origen del contagio, dado que el afectado registra un viaje reciente a las provincias de Salta y Jujuy, pero también realizó trabajos de desmalezamiento en áreas rurales de la zona andina antes de que se manifestara la afección.
Debido a que en la región patagónica predomina la cepa Andes, la cual es la única variante del virus con capacidad documentada de transmisión interhumana, se han activado de forma preventiva los protocolos de aislamiento para el entorno familiar directo del paciente.
Su esposa y su hijo permanecen bajo estricta vigilancia epidemiológica y aunque no presentan síntomas hasta la fecha, el monitoreo busca neutralizar cualquier posibilidad de contagio por contacto estrecho.
Los especialistas analizan minuciosamente los tiempos de incubación, que en este tipo de virus pueden extenderse hasta los cuarenta y cinco días, lo que refuerza la hipótesis de que el contagio pudo haber ocurrido en el norte del país, aunque no se descarta de plano que el contacto con el roedor colilargo haya sucedido en los alrededores de Bariloche durante sus tareas de limpieza.
Desde el ámbito hospitalario se ha remarcado la importancia de mantener la vigilancia sobre la evolución del paciente, quien atraviesa horas decisivas para su estabilización.
Paralelamente, se ha instado a la población a no descuidar las medidas de higiene ambiental, haciendo énfasis en la ventilación prolongada de espacios que han permanecido cerrados, el riego de suelos antes de barrer para evitar la suspensión de partículas y el uso de protección adecuada en zonas de matorrales.
El caso actual funciona como un recordatorio de la persistencia de esta enfermedad en el entorno silvestre y de la necesidad de una consulta médica inmediata ante la aparición de fiebres repentinas en personas que hayan tenido contacto con áreas rurales o depósitos de leña.




