La tensión en Medio Oriente volvió a escalar en las últimas horas tras una serie de ataques cruzados contra infraestructura energética en Irán, Qatar y Arabia Saudita, mientras Estados Unidos intenta despegarse del conflicto.
El presidente de EE.UU., Donald Trump, aseguró que su país no tuvo participación ni conocimiento previo del ataque israelí contra el campo de gas Pars Sur, uno de los más importantes del mundo.
“No teníamos conocimiento previo del ataque”, afirmó el mandatario, quien además sostuvo que la ofensiva fue ejecutada por Israel en medio de la creciente tensión regional.
En ese mismo mensaje, Trump señaló que la respuesta iraní fue desproporcionada: “Irán, sin conocer los hechos, respondió atacando injustificadamente una parte de la planta de gas natural licuado de Catar”.
Ataques, represalias y amenaza sobre la energía global
El conflicto se intensificó luego de que Irán respondiera con ataques contra instalaciones energéticas en Qatar, incluyendo la refinería de Ras Laffan, una de las más importantes del mundo en gas natural licuado.
La empresa estatal QatarEnergy confirmó que los ataques provocaron incendios y daños significativos, aunque no se reportaron víctimas.
En paralelo, la Guardia Revolucionaria iraní elevó el tono con una fuerte advertencia a los países aliados de Estados Unidos en la región.
“Si esto se repite, no cesaremos en los ataques contra su infraestructura energética y la de sus aliados hasta su completa destrucción”, señalaron en un comunicado oficial.
El conflicto también alcanzó a Arabia Saudita, que denunció ataques contra dos refinerías en Riad. Su canciller, Faisal bin Farhan Al Saud, aseguró que el país podría responder militarmente.
“El reino no va a sucumbir a la presión”, afirmó, y advirtió que su país se reserva el derecho de actuar si continúan las agresiones.
El estrecho de Ormuz, en el centro de la crisis
La situación también impacta en uno de los puntos más sensibles del comercio global: el estrecho de Ormuz.
Un petrolero con bandera de Barbados, que transportaba unas 160.000 toneladas de crudo, debió abandonar la zona tras la intervención de fuerzas iraníes, que se posicionaron en alerta.





