La tensión en Medio Oriente volvió a escalar este miércoles luego de que el ministro de Defensa de Irán, el general de brigada Aziz Nafizardeh, advirtiera que su país atacará bases estadounidenses en la región si Estados Unidos lanza una ofensiva militar contra territorio iraní.
“Irán atacará bases estadounidenses si es atacado”, afirmó el funcionario, según consignó la agencia estatal Mehr. Además, remarcó que todas las instalaciones militares de Estados Unidos y de países aliados que colaboren en una agresión contra Irán serán considerados “objetivos legítimos”.
En ese marco, Nafizardeh sostuvo que la respuesta iraní sería “dolorosa para los enemigos”, profundizando un clima de confrontación directa con Washington en un contexto regional cada vez más inestable.
Un antecedente reciente y nuevas amenazas de Trump
Las advertencias de Teherán se producen tras reiteradas amenazas del presidente estadounidense Donald Trump, quien en las últimas semanas volvió a deslizar la posibilidad de un ataque contra Irán con el argumento de proteger a los manifestantes que protestan desde hace más de dos semanas en distintas ciudades del país.
El antecedente más cercano ocurrió en junio del año pasado, cuando Estados Unidos bombardeó instalaciones nucleares iraníes. Según Teherán, aquella ofensiva dejó más de mil muertos, en su mayoría civiles. Irán respondió entonces con un ataque contra una base militar estadounidense en Catar, que no provocó consecuencias de gran magnitud.
La escalada verbal actual revive ese escenario, pero en un contexto interno mucho más delicado para el régimen iraní, atravesado por las protestas más masivas de los últimos años.
Protestas, funerales y una represión bajo la lupa internacional
Mientras crecen las amenazas externas, Irán celebró este miércoles los funerales de más de cien miembros de las fuerzas de seguridad, que según el régimen murieron durante las protestas. La procesión se realizó desde la Universidad de Teherán hasta el principal cementerio de la capital, en un acto impulsado por medios oficiales para mostrar unidad nacional.
El jefe del poder judicial iraní, Gholamhosein Mohseni Ejei, confirmó que los manifestantes detenidos serán sometidos a juicios rápidos, en un contexto de fuerte preocupación internacional por posibles ejecuciones. Entre los casos más sensibles aparece el de Erfan Soltani, condenado a muerte por el cargo de “moharebeh” (“guerra contra Dios”).
Las cifras de víctimas siguen siendo motivo de controversia. El régimen iraní admitió alrededor de 2.000 muertos durante la represión, mientras que organizaciones de derechos humanos manejan números dispares.
El grupo HRANA, con sede en Estados Unidos, reporta 2.571 fallecidos, mientras que Iran Human Rights, desde Noruega, confirma al menos 734, aunque advierte que el número real podría ser de varios miles.





