La dictadura chavista organizó unas elecciones este domingo para renovar 23 gobernadores y la totalidad de la Asamblea Nacional (Congreso).
Los gobernadores asumen por los próximos cuatro años y los diputados por cinco, en una Asamblea Nacional que es unicameral y no cuenta con renovaciones de medio término.
El boletín chavista dio a la dictadura 82% de los diputados y 22 de 23 gobernaciones. Los comicios estuvieron marcados por una fuerte abstención, con una oposición que llamó a no participar por falta de condiciones. Distintos cálculos midieron el ausentismo en las urnas entre 85 y 88%.
El chavismo, por su parte, dice que votó el 43% del padrón y que los apoyaron más de 4 millones de personas. Son números que no cierran, pues el total de inscritos ronda los 21 millones de personas y la totalidad de votos que anunció el chavismo no coinciden.
En las horas previas hubo más de 70 detenciones políticas a dirigentes, militantes, periodistas, activistas y docentes. También a extranjeros, incluidos dos ciudadanos argentinos, uno de los cuales sigue desaparecido.
El dictador Nicolás Maduro prometió que cuando asuma el nuevo Congreso, dentro de siete meses, una prioridad será reformar el sistema electoral e instaurar el “Estado comunal”. Se estima que el voto deje de ser, en el papel, directo y secreto, para que únicamente se “elija” a delegados del partido chavista, que serían quienes luego deliberen y “voten”.
En la práctica hace años que en Venezuela las elecciones dejaron de ser transparentes. Casi un año después, Maduro se reeligió sin mostrar actas ni números, cuando todo indica que lo derrotó Edmundo González Urrutia, actualmente en el exilio.





