Estados Unidos e Irán continuaban este domingo negociaciones directas en Islamabad, Pakistán, con mediación de ese país, en el marco de un frágil alto el fuego de dos semanas acordado días atrás, mientras la guerra que ya dejó miles de muertos mantiene en vilo a Medio Oriente y genera impacto en los mercados globales.
El encuentro fue confirmado por la Casa Blanca y se desarrolla en un contexto de máxima tensión, con operaciones militares en curso y profundas diferencias entre ambas delegaciones.
Negociaciones bajo presión y con diferencias
Las conversaciones están encabezadas por el vicepresidente estadounidense JD Vance y el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, quienes buscan avanzar en un acuerdo que permita consolidar la tregua.
Sin embargo, el clima es complejo. Según trascendió, existen diferencias significativas entre ambas partes y las negociaciones avanzan mediante intercambios de documentos técnicos entre equipos de expertos.
Desde el entorno iraní advirtieron que todavía hay obstáculos importantes. Incluso, fuentes cercanas al proceso señalaron que existen “diferencias serias” que dificultan un entendimiento rápido.
En paralelo, una fuente vinculada a las negociaciones sostuvo que ahora “la pelota está en la cancha de Estados Unidos para superar sus recurrentes demandas excesivas y reemplazar la ambición por un enfoque realista”.
Tensión militar y dudas sobre el alto el fuego
Mientras se desarrollan las conversaciones, la situación en el terreno sigue siendo delicada. El ejército estadounidense informó que dos destructores atravesaron el estrecho de Ormuz para realizar tareas de despeje de minas, un hecho inédito desde el inicio del conflicto hace seis semanas.
No obstante, medios estatales iraníes desmintieron esa versión, lo que refleja el nivel de desconfianza entre ambas partes.
En ese contexto, el presidente Donald Trump fue tajante al referirse a la estrategia militar: “Estamos despejando el estrecho. Si llegamos a un acuerdo o no no marca ninguna diferencia para mí”.
El alto el fuego, que busca frenar la escalada regional, también enfrenta tensiones por los ataques en Líbano, donde el número de víctimas ya supera las 2.000 según autoridades locales.





