La vuelta del fútbol argentino con el inicio Torneo Clausura 2025 había comenzado con muchas expectativas: el regreso de Ángel Di María a Rosario Central, el regreso de Boca y River tras el Mundial de Clubes, la búsqueda de revancha de Racing en el Cilindro o el arranque de Independiente teniendo que revalidar un buen torneo anterior. Sin embargo, lo que quedará grabado en la memoria de los hinchas serán las decisiones arbitrales que determinaron resultados y generaron controversias profundas otra vez.
El episodio más resonante ocurrió en Rosario, donde Pablo Dóvalo cobró un penal polémico a favor de Central en el partido ante Godoy Cruz. La jugada se produjo tras un presunto agarrón de Daniel Barrea sobre Alejo Véliz dentro del área, en una acción que generó protestas inmediatas del banco visitante y encendió las redes sociales con comentarios que hablaban de un “penal regalado para que la fiesta de Di María sea completa”. El propio Di María se hizo cargo de la ejecución desde los doce pasos y marcó el primer gol de su regreso al fútbol argentino.
Hasta ahí, un fallo polémico y no mucho más. Pero la historia siguió en el Cilindro, donde la Academia vivió una noche que terminó en escándalo. Racing había logrado el gol agónico del triunfo a través de Maravilla Martínez cuando se cumplían los 49 minutos del segundo tiempo, pero el árbitro Nicolás Lamolina, a instancias del VAR dirigido por José Carreras, anuló el tanto por una presunta falta previa del mismo delantero sobre Facundo Bruera en el área de Racing.
La decisión no solo anuló el gol sino que derivó en la sanción de un penal para Barracas Central. Rodrigo Insúa convirtió desde los doce pasos y le dio un triunfo insólito al Guapo a los 57 minutos del segundo tiempo. La reacción del banco de Racing fue explosiva: Gustavo Costas terminó expulsado tras perseguir fuertemente al árbitro por el campo de juego para recriminarle la decisión.
Lamolina defendió su fallo en declaraciones posteriores: “Las imágenes son elocuentes. Bruera puntea la pelota y Maravilla lo termina impactando con su pie en la canilla. Hay un penal claro e imprudente”. Sin embargo, la controversia siguió creciendo cuando el árbitro reveló que, de no haber existido esa falta, el gol de Racing hubiera sido invalidado por una posición adelantada del delantero para luego desmentirse públicamente, ya que admitió no tener confirmación de si la jugada había terminado en offside.
En el partido entre Riestra y Lanús, otra polémica marcó el desarrollo del encuentro. Hernán Mastrangelo fue el árbitro principal, mientras que Fernando Echenique ofició como responsable del VAR. La jugada controvertida se produjo cuando Sasha Marcich conectó de cabeza una pelota dentro del área y aparentemente impactó en la mano de Rodrigo Gallo, con el brazo extendido del defensor.
Tanto Mastrangelo como Echenique decidieron no sancionar penal, lo que generó la furia del plantel de Lanús. Lautaro Acosta fue lapidario en sus declaraciones posteriores: “Cuando hay un equipo del poder, dirige Mastrangelo”. También Carlos Izquierdoz se sumó a los reclamos con un mensaje directo a los árbitros al final del partido: “Cobren para todos igual”.
La situación se volvió más compleja cuando se recordó que Echenique había sido el mismo árbitro que en Copa Argentina expulsó incorrectamente a Maravilla Martínez en el partido entre Racing y San Martín de San Juan, y que ahora Racing debía enfrentar a Riestra en octavos de final de la misma competencia.
La historia sigue. Leandro Rey Hilfer dirigió el encuentro entre River y Platense en el Monumental, donde el local se impuso 3-1. Si bien el resultado fue claro, el arbitraje volvió a generar cuestionamientos. La expulsión de Marcos Portillo por un codazo a Gonzalo Montiel, revisada por VAR, fue considerada correcta, pero se cuestionó la falta de tarjeta amarilla previa para Juan Cruz Mesa, debutante de 17 años, por un codazo similar aplicado a Zapiola.
Esta situación no es nueva en el fútbol argentino. Desde hace décadas que el arbitraje está en el ojo de la tormenda. De hecho, si nos remontamos a la década del 40, cuando los árbitros estaban igualmente cuestionados por corrupción y favoritismo hacia los grandes clubes, la AFA tomó una medida drástica: contrató árbitros británicos para dirigir el campeonato. La decisión surgió tras episodios de violencia extrema, incluido un incidente en Rosario donde un árbitro casi fue linchado.
Los árbitros extranjeros, que dirigieron desde 1948, marcaron una diferencia notable en las estadísticas: mientras que en 1946 y 1947 se habían cobrado 62 y 56 penales respectivamente en 240 partidos, con la llegada de los jueces ingleses se sancionaron 100 penales en 1948 y 133 en 1949. La explicación era simple: no tenían vínculos con el fútbol local y no se veían condicionados por presiones externas.
El problema del arbitraje igualmente no es solo del fútbol argentino. Pero es cierto que la situación en el medio local ya es insostenible por una sencilla razón: los propios protagonistas ya no creen que se esté impartiendo justicia. El VAR, que llegaba para dar un manto de calma y objetividad, termina exponiendo la doble vara o el criterio dispar de los árbitros. La misma jugada y el mismo referí pueden tener dos sanciones distintas en dos partidos diferentes.
La primera fecha del Clausura 2025 dejó en evidencia que el fútbol argentino sigue atrapado en las mismas polémicas arbitrales que lo han caracterizado históricamente. Los comentarios en redes sociales, las declaraciones de los jugadores y las reacciones de los cuerpos técnicos muestran una desconfianza profunda hacia el sistema arbitral actual.
La pregunta que surge es si el fútbol argentino está preparado para una solución drástica como la implementada en los años 40. ¿Tiene el coraje la dirigencia de contratar árbitros extranjeros nuevamente? ¿O seguirá navegando en estas aguas turbulentas donde cada fecha está más marcada por las polémicas que por el nivel futbolístico?
La idea de contratar árbitros internacionales puede parecer lejana, pero es algo que sucede en muchas ligas en el mundo todavía hoy. El caso mas resonante es el de Arabia Saudita, donde para los partidos mas importantes suelen contratar árbitros de renombre (muchas veces argentinos). Lo que parece una excentricidad en realidad esconde un motivo mas mundano: los equipos no confían en los arbitrajes locales para los partidos decisivos. Situaciones similares se viven en muchos países, no solo en Asia, sino también en Europa y Sudamérica.
Mientras tanto, la AFA ha anunciado algunas medidas para el Clausura 2025: los árbitros explicarán sus decisiones del VAR por micrófono, similar a lo sucedido en el Mundial de Clubes y se creará una cuenta oficial para analizar jugadas polémicas. Sin embargo, después de lo vivido en la primera fecha, estas medidas parecen insuficientes para resolver un problema que viene arrastrándose desde hace décadas y que amenaza con empañar nuevamente un torneo que debería ser noticia por otros ingredientes ajenos a como se imparte justicia dentro de la cancha.





